papelitosLos brillantes eventos de innovación que organiza nuestro amigo Alfons Cornella  acostumbran a congregar perfiles muy variados: mundo corporativo, emprendimiento, academia, artes, tercer sector… Recuerdo que en uno de ellos –Re’09 -tras una mañana de intensa reflexión e información, llegado el momento del café, nos repartió unos papelitos y soltó esta bomba: “ahora cada uno que escriba en ese papel lo que es para él la felicidad”.

Hice lo que pude para tragar la bola en que se convirtió mi mini-palmera  y empecé a darle vueltas con gran pudor, intimidada por la intelligentzia reunida en la sala.  Al final compartió lo que habíamos producido todos.  Había definiciones filosóficas, otras que relacionaban la felicidad con aspectos más concretamente éticos; algunas apuntaban al contexto, otras la libraban a la subjetividad más absoluta y por supuesto, no faltaron las aportaciones neurofisiológicas.  Algunas de ellas: “la felicidad es un estado de conciencia“, “la felicidad tiene que ver con cómo nos hace sentir la virtud“, “la felicidad es equilibrio“…No recuerdo lo que hizo después con esa producción, pero si recuerdo la definición que más me interesó:

La felicidad es una interpretación de la realidad

Araceli Cabezón de Diego

Empiezo confesando mis dudas sobre la veracidad de esta “noticia”  que, desde hace meses, circula por la red y que, lógicamente, ha sido desmentida en varias ocasiones por las distintas administraciones.  En cualquier caso, por encima de que sea cierta o inventada, me sigue pareciendo una historia genial que si no fuera real …  merecería serlo !!!   Es la siguiente :

En el Zoo de Bristol, en Inglaterra, existe un aparcamiento en el cual, durante más de 23 años, un “probo”  y ejemplar empleado (el señor de la fotografía) ha estado cobrando puntualmente los servicios de aparcamiento de coches y autocares.   Cuando un día no apareció en el trabajo, supuestamente por jubilación, la administración del zoológico solicitó al ayuntamiento de Bristol que enviara un nuevo empleado en sustitución del anterior.   Y ahí se descubrió que … ni parking ni empleado eran del ayuntamiento ni del zoológico !!!  Nunca había sido empleado de nadie (más que de si mismo) y nunca se le había pagado ningún salario.

Durante años, como parece lógico, ni uno solo de los usuarios del aparcamiento puso pega alguna al pago del servicio.  Nadie dudó de que, tras el amable empleado, había “algo” que le daba legitimidad.   Todos dieron por supuesto lo que todo el mundo daba por supuesto. Nadie supo ver una realidad distinta a la aparente.  Como suele suceder a menudo, nadie fue capaz de ver  más allá de lo obvio, de lo que todo el mundo ve  …     ¿ A que la historia merece ser cierta ?

Jordi Foz

Esta semana han venido los Reyes Magos.  No puedo dejar de sorprenderme cuando observo a los niños absolutamente convencidos de que llegan desde oriente, montados sobre los camellos y llenos de regalos para todos … Me pregunto cómo se lo creen, teniendo como tienen tantísima información, siendo tan preguntones y teniendo tan desarrollada la capacidad de razonar y de encontrar lagunas en los razonamientos…

Ayer, escuché a un niño de unos 7 años explicar a otro, que él sí les había oído el año anterior a los reyes cuando entraron en su casa por la ventana del salón. Estaba convencido.  No había duda. Eran los Reyes Magos.

Claro, cuando creo algo, lo veo, lo oigo, lo siento… es una realidad para mí. Y no me lo cuestiono : Si lo creo, lo veo.

Ane Aguirre