Me han gustado mucho las 3 temporadas de Black Mirror, una serie de televisión británica con capítulos provocadores, crudos, sorprendentes y hasta en algún caso, espeluznantes. Sin embargo, si tuviera que definir sus capítulos con un adjetivo sería: inquietantes.

La ciencia, la tecnología y el futuro están muy presentes y su creador, Charlie Brooker, consigue transmitir que si no tenemos cuidado, lo que estamos interpretando como ciencia ficción, lo podemos vivir “en 10 minutos”. El éxito de la serie radica en que, una vez que la has visto, empiezas a reconocer situaciones de la vida real que podrían “ser de Black Mirror“…

Lo que ayer nos parecía imposible o exagerado, hoy lo vivimos con absoluta naturalidad. Nuestra capacidad de sorpresa está desapareciendo y la vertiginosa velocidad de los cambios nos puede pillar despistados.

Elon Musk, fundador de Tesla y SpaceX, creador de Hyperloop y presidente de SolarCity, afirmó en  julio del año pasado que “la inteligencia artificial nos dejará muy atrás. Podríamos convertirnos en mascotas de las máquinas“. El Da Vinci del Siglo XXI, de todo menos despistado, registró ese mismo mes la compañía Neuralink, un proyecto para conectar el cerebro a un ordenador añadiendo una “capa” de inteligencia artificial a nuestra propia inteligencia. Ni me imagino dónde están los límites de este proyecto pero estoy convencido de que no tendremos que esperar demasiado para “disfrutarlo”.

Dicen que Elon Musk duerme muy poco. Me pregunto en qué estará pensando ahora mismo…

Oscar Garro

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yes-we-can-collageLlevamos ya un par de años teniendo muchas conversaciones sobre innovación en educación. Estamos aprendiendo muchísimo.

Estoy sorprendida de lo extendida que está la emoción de imposibilidad y de dificultad para cambiar. Son fáciles de reconocer muchos condicionantes externos e internos del sistema educativo. Ya sabemos que hay resistencias y pereza ante los cambios tecnológicos y metodológicos y que muchos intentos tienen una efectividad limitada.  Es verdad que además de recursos económicos, hace  falta voluntad política. ¿Está siendo la formación de los futuros educadores una prioridad de la políticas educativas?

Dicho esto, me resisto a contagiarme de la emoción de imposibilidad. Porque hay experiencias que nos demuestran que es posible. Porque las tecnologías abren ventanas nuevas para personalizar y potenciar la educación. Porque  gran parte de la sociedad quiere y está concienciada de la necesidad de un cambio. Porque hay una masa crítica suficiente de docentes que quieren diseñar nuevas respuestas que les permitan desarrollar plenamente su vocación. Y sobre todo, porque también estamos conociendo equipos directivos con unos niveles de compromiso extraordinarios para liderar la transformación necesaria.

Creo en la capacidad de cambio de los sistemas desde dentro, aunque necesiten estímulos y ayudas externas. Creo que los centros educativos pueden reinventarse.

El post se podía haber titulado también “Education First”. Hemos elegido “Yes, we can” 😉

Ane Agirre

p.d. El vídeo que hoy os dejamos, me parece genial. Es “solamente” un detalle. Qué manera tan brillante de establecer un vínculo personalizado con cada alumno y alumna.

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Oscar Garro