Cito de memoria a Henri Bergson: “…le présent n’est que le passé mordant sur le futur” que, de ser fiel al texto original, sería algo así como: “el presente no es más que el pasado que muerde (que roe) al futuro”, o sea que nuestro presente es una mezcla de nuestra memoria del pasado y nuestra anticipación de un futuro que prevemos o imaginamos.

El pasado no podemos cambiarlo; es lo que ya fué; sin embargo el futuro podemos preverlo u optar por imaginarlo, por diseñarlo. Un futuro previsto nos permite rodar por la vida sin sorpresas, de acuerdo  con los datos del pasado y el presente. Sin embargo, un futuro imaginado, proyectado, deseado, propicia una vida con propósito, con tensión por conseguirlo, basada en esfuerzos y posibilidades distintos, y eso cambia nuestro presente.

Imaginar el futuro deseado, proyectarlo, y ponerse en acción para conseguirlo, no arregla nuestro pasado, pero cambia radicalmente nuestra relación con el presente. La visión  de futuro es la “mordida” de nuestro presente en nuestro futuro. Es bueno tener siempre una.

Araceli Cabezón de Diego

Me han gustado mucho las 3 temporadas de Black Mirror, una serie de televisión británica con capítulos provocadores, crudos, sorprendentes y hasta en algún caso, espeluznantes. Sin embargo, si tuviera que definir sus capítulos con un adjetivo sería: inquietantes.

La ciencia, la tecnología y el futuro están muy presentes y su creador, Charlie Brooker, consigue transmitir que si no tenemos cuidado, lo que estamos interpretando como ciencia ficción, lo podemos vivir “en 10 minutos”. El éxito de la serie radica en que, una vez que la has visto, empiezas a reconocer situaciones de la vida real que podrían “ser de Black Mirror“…

Lo que ayer nos parecía imposible o exagerado, hoy lo vivimos con absoluta naturalidad. Nuestra capacidad de sorpresa está desapareciendo y la vertiginosa velocidad de los cambios nos puede pillar despistados.

Elon Musk, fundador de Tesla y SpaceX, creador de Hyperloop y presidente de SolarCity, afirmó en  julio del año pasado que “la inteligencia artificial nos dejará muy atrás. Podríamos convertirnos en mascotas de las máquinas“. El Da Vinci del Siglo XXI, de todo menos despistado, registró ese mismo mes la compañía Neuralink, un proyecto para conectar el cerebro a un ordenador añadiendo una “capa” de inteligencia artificial a nuestra propia inteligencia. Ni me imagino dónde están los límites de este proyecto pero estoy convencido de que no tendremos que esperar demasiado para “disfrutarlo”.

Dicen que Elon Musk duerme muy poco. Me pregunto en qué estará pensando ahora mismo…

Oscar Garro

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En el llamado Foro de Davos del pasado año (“World Economic Forum” es su nombre oficial), se presentó el informe titulado “The future of Jobs”, en el que se intenta predecir como habrá afectado al empleo, alrededor del año 2020, la llamada Cuarta Revolución Industrial.

Uno de los aspectos más interesantes del informe, desde mi punto de vista, es el relativo a la evolución esperada de las habilidades necesarias para el desempeño de los empleos que consigan sobrevivir y para los de nueva aparición.

En el cuadro anterior se relacionan las diez competencias más requeridas a juicio de los expertos y su estimación para el año 2020. Aceptando lo impreciso e incierto del ejercicio, me parecen muy interesantes las muchas reflexiones que pueden derivarse de esta evolución.

Por ejemplo, en relación a las tres primeras del ranking, “Resolución de problemas complejos” se mantiene en el puesto 1; “Pensamiento crítico” pasa del puesto 4 al 2, y “Creatividad” del 10 al 3… Me resulta curioso que “se caiga” de la lista del 2015 la competencia de “Escucha activa”, pero quiero creerla incluida en la de “Inteligencia emocional” que aparece como nueva en el puesto 6.

Dos últimas reflexiones en forma de preguntas: ¿Con qué parecen relacionarse más estas aptitudes, con conocimientos técnicos, competencias personales, habilidades sociales…? Y una que me parece especialmente relevante ¿Cómo están respondiendo a este reto los sistemas educativos?

Jordi Foz

amor-y-amistad-2¿Nunca habéis comprado un libro solo por su título? Pues algo parecido me pasó con esta película que quise ver porque pensé que su título me valdría, al mismo tiempo, como viñeta de cine y viñeta de fin de año; “amor y amistad” son dos magníficos deseos para la gente que uno quiere.

Y resulta que, en éste mi año de la suerte ;-), me encontré con una deliciosa “pieza de cámara”, con una comedia de época, divertida, alegre, satírica, elegante, plena de fina ironía, de diálogos ingeniosos y barrocos, de conversaciones jugosas, en las que el cinismo y la hipocresía son el hilo conductor de una aristocracia inglesa del siglo XIX cuyo comportamiento podemos calificar de “amoral sin reparos”.

Estrenada este mismo año, es la conseguida adaptación de “Lady Susan”, un relato corto de Jane Austin.  No recomendable para quienes busquen acción trepidante, violencia, trascendencia, fuerza, exceso, brusquedad… Sí para quienes gustamos de un “rato tranquilo”, de leer, escuchar, analizar, repensar, sonreír, de entrar en los personajes -anacrónicos hoy- pero excelentemente situados en su tiempo. De una fotografía extraordinaria que regala al espectador atento, continuos encuadres que son verdaderas obras de arte; de una música oportuna y relajante. Y, sobresaliendo por encima de todo, la actuación insuperable de Kate Beckinsale como Lady Susan, paradigma de la intriga y la manipulación.

El año pasado, decíamos cruzar un puente metafórico a una “nueva, prometedora y desconocida orilla que llamamos 2016”. Hoy, a 30 de diciembre, ya sabemos qué nos esperaba en esa orilla que ya no es territorio desconocido, y es inevitable una reflexión íntima y personal sobre las cosas buenas, malas y regulares que han sucedido durante el año. Desde mi propio balance personal, lo que he aprendido en este 2016 es que la gente muy especial, la gente extraordinaria y los milagros sí existen, que “solo” se trata de identificarlos… ¡y no dejarlos escapar! Que las cosas que “seguro que nunca van a suceder”,  a veces… ¡suceden! Que, como decíamos en la viñeta de 31 de diciembre de 2010, un nuevo año es como una “página en blanco”; que las páginas en blanco están para ser escritas, que son nuevas y únicas  oportunidades y que no se puede escribir el “futuro deseado”   desde el dolor, o la nostalgia o mirando solo al pasado…

Y que el “amor y amistad”,  que deseamos en el nuevo año a todos los amigos y seguidores de Vesper, son sentimientos básicos, nucleares, que provocan alegría, confianza, energía, generosidad, ilusión, entrega, convivencia, tolerancia, felicidad… Y que, como todas las cosas valiosas y trascendentes, hay que cuidarlas y defenderlas con uñas y dientes, todos los días del año.

Muchas gracias por estar siempre ahí, feliz Año 2017 y mucho amor y amistad para todos!

Jordi Foz

 

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Northern Limestone Alps. Photographer James Hilgenberg

En los próximos veinte años vamos a ver más avances que en los dos milenios anteriores“. Esta afirmación de Jose Luis Cordeiro, ingeniero y profesor fundador de la Singularity University, me hace pensar que vamos a vivir un futuro extraordinario.

La cuestión es, ¿todos lo percibimos de la misma manera?

Taxistas que ponen el grito en el cielo porque Uber irrumpe en “su” mercado y lo hace ejerciendo una “competencia desleal”. Cámaras que hablan de “chapuza” e injusticia porque periodistas de La Sexta utilizaron iPhones y palos selfie para hacer el seguimiento de las elecciones norteamericanas y generalizado asombro y rechazo con los supermercados Amazon go por una nueva manera de comprar que “destruirá miles de empleos” (No lines, no checkout…No, seriously).

Un ritmo de frenético cambio que genera miedo y reacciones que tratan de impedir…lo inevitable.

La alternativa es conectar con una emoción de ilusión y de curiosidad para explorar un campo con infinitas posibilidades. En ese campo, todos tenemos sitio si recuperamos la creatividad necesaria para reimaginar nuestro trabajo y seguir aportando un valor diferencial. En caso contrario,”algo” nos acabará sustituyendo.

Oscar Garro

Hoy comparto con vosotros esta cita de Andre Paule Guide, que nos ha regalado Pedro Miguel Echenique en esta extensa y excelente entrevista publicada este mes en la revista Jot Down.

Todas las olas del mar deben la belleza de su perfil a las que les precedieron y se retiraron

Porque cuando la leí me encantó. Y porque me conectó con una idea que cada vez tenemos más presente en nuestro trabajo con los equipos directivos que están en el momento de pensar sus estrategias y proyectos de futuro.

¡Qué importante es partir de donde estamos y mirar a lo siguiente desde el reconocimiento de “lo anterior”! Comprobamos que cuando un equipo es capaz de poner en valor y reconocer las estrategias, decisiones, proyectos, aciertos, errores y a los protagonistas que les han precedido y ya son “pasado”, entonces están en la mejor disposición de diseñar y dar paso a las siguientes olas.

Ane Agirre

    4885989742_e0d81a47df_bMIT’s motto: “Mens et Manus,” (Mind and Hand)

Tomo prestada esta expresión que utiliza Alfons Cornella en la entrevista publicada en la revista Hetelkari, en la que opina sobre cuáles son las claves de una buena formación profesional para la industria del futuro. Sugiere que necesitamos más “laboratorios” en centros educativos y empresas, espacios de experimentación que conecten mentes y manos, en los que aprender a crear y a emprender.

Hay ejemplos fantásticos de esta filosofía, como el espectacular edificio del MediaLab del MIT, el lugar donde están construyendo el futuro del futuro.

En algún momento de la evolución nos hemos alejado de la idea de que el conocimiento está íntimamente ligado a la acción y hemos diseñado procesos educativos que priorizan el pensamiento abstracto, elevándolo a una categoría “superior”. Y por extensión,  hemos diseñado organizaciones que separan las funciones de pensar y hacer, como si fuera posible hacerlo. Así, muchas de las estrategias se diseñan en despachos y salas de reuniones, alejadas de un entendimiento profundo de la realidad de los talleres, de los mercados y de los laboratorios, con la consecuencia de que no son aptas para ser implementadas.

Yo añadiría que además de pensar con la mente y con las manos, también es necesario pensar con el corazón. También necesitamos crear espacios de reflexión personal y espiritual, en los que poder conectar con el sentido de nuestras estrategias y conocimientos, que es ponerlos al servicio de una sociedad mejor. Porque ni la mente ni las manos, siendo imprescindibles, alcanzan por si solas a entender y abordar la complejidad de los problemas a los que nos enfrentamos cada uno de nosotros, cada organización y la sociedad en su conjunto.

Ane Agirre