dumbo5He tenido un agosto “de cine”. He disfrutado de dos lujos combinados, el lujo de tener tiempo y el de contar con un “recomendador” que conoce mis gustos y acierta de lleno en las sugerencias.  

Y os traigo una de las que más he disfrutado, “Brooklyn“, una película irlandesa de 2015, dirigida por John Crowley y protagonizada maravillosamente por Saoirse Ronan, que narra la historia de una joven irlandesa que emigra a Nueva York. La he elegido porque he vuelto a cruzar el charco y porque teníamos otro post escrito por Jordi sobre el puente de Brooklyn y me ha apetecido recordarlo.

Rescato la escena en la que la protagonista dice “lo intentaré” y su jefa le reta a reformular su compromiso quitanto el verbo “intentar” y sustituyéndolo por “lo haré y punto“. Ahora que termina el verano y empieza un nuevo curso que nos lleva a plantearnos nuevos propósitos, os invito a elegir uno de ellos, y sustituir el “voy a intentar hacer” por un “voy a hacer”. Parece un cambio sin importancia, pero genera una emoción y una determinación totalmente distinta. Probad y veréis. 
Ane Agirre

COYOTEHoy va de dibujos animados: las tiras de El Coyote y Correcaminos (Wile E. Coyote and the Road Runner). Creadas por  Chuck Jones  para Warner Brothers en 1949, poblaron mi infancia de carcajadas y de una larvada tensión provocada por mi zigzagueante adhesión a perseguido y perseguidor. Pero ya  me he aclarado. Amo al perseguidor. Coyote es mi icono de la resiliencia.

Esta estupenda distinción, traída del mundo de la física, que alude a la capacidad de un material para recuperar su forma y textura iniciales tras un impacto, está representada al pelo por el villano Coyote, que impasible ante las barrabasadas infligidas por el hábil Correcaminos, se levanta una vez tras otra y continúa  como si tal con su objetivo de darle caza. Convertido en fosfatina bidimensional por un pedrusco de tonelada, en grotesca cabeza humeante con el hocico estallado por  la bomba que se dispone a lanzar o en troquel involuntario del suelo desértico por caída libre de cien metros, nuestro proteico personaje no cesa de ofrecer muestras de su ejemplar vertebración.

En todos los casos son segundos los que tarda en sacudirse el polvo, sin victimismos, sin rencores; solo con la determinación de seguir adelante con su plan.

Me hizo gracia saber que no soy la única. Mi admirada Siri Hustvedt  dice en su fina recopilación de artículos: Vivir, pensar, mirar: “estos personajes tienen un irresistible atractivo darwiniano. Como el Coyote en los dibujos animados de Looney Tunes que veía en mi niñez, son personajes que poseen el maravilloso don de recomponer la figura. Hay también historias reales de gente que desafía todos los contratiempos y que, a pesar de sufrir experiencias grotescas, no acaban en un hospital y salen adelante con una resignación mayor que un personaje de Beckett.”

Araceli Cabezón de Diego

 

 

hopper-nighthawksA raíz de un comentario en una cafetería, se me notó la sonrisa. Y no pude evitar mi reflexión personal: “¡Ojalá lo hubiéramos aprendido todos de verdad!”.

Era una mañana luminosa y radiante en Bilbao. Esperaba sentada en una terraza a una amiga y no pude evitar la conversación de mis vecinas de mesa. Eran dos chicas jóvenes que estaban charlando animadamente sobre el comienzo del nuevo curso en la Universidad y actualizando sus novedades del verano. En un momento dado se refirieron a una tercera persona en su conversación.

La tercera aludida había tenido algún problema con un amigo de su cuadrilla, y se había dedicado a compartirlo con todos. Mejor dicho, con todos, menos con la persona con la tenía una conversación pendiente para solucionar una situación. Una de mis jóvenes vecinas le dijo a su amiga: “Es increíble. ¡Ya tenemos 20 años y parece mentira que no lo hayamos aprendido!. ¿Por qué no ha hablado directamente con él en vez de “liarla” contándoselo a todos?”.

Pasaron por mi mente varias situaciones complicadas del ámbito empresarial donde las relaciones entre interlocutores habituales y necesarios eran todo menos honestas y enriquecedoras. Sus negativas consecuencias para ellos, sus equipos y el devenir de la organización son tan notables y evidentes…

Y claro, no pude contenerme. Se notó que se me escapaba una sonrisa🙂

Teresa Aranguren

MarCuando todo parece relajarse a tu alrededor, se hace algo extraño escribir en pleno agosto sobre cuestiones demasiado “serias”…

Para los más afortunados, el mejor regalo del verano es, en mi opinión, esta especie de tiempo suspendido, de tiempo de tregua, concepto que el diccionario define como “Cese temporal de hostilidades” “Interrupción, descanso”. Me parece que las vacaciones tienen algo de las dos cosas e inevitablemente, de una u otra manera, nos cambian las rutinas.

El tiempo pasa demasiado rápido y a veces, la adaptación al nuevo ritmo no es tan fácil ni rápida como querríamos. Las inercias tiran demasiado de nosotros y cuando apenas conseguimos reducir nuestra habitual “velocidad de crucero”… ya casi se nos acaba la tregua.

Pero nada sucede porque sí y, al parecer,  nuestra velocidad vital forma parte de un proceso de evolución de la sociedad. Os invito a leer una interesante entrevista con el filósofo y sociólogo alemán Hartmut Rosa, en la que habla de que el precio de una sociedad muy eficiente es “vivir atrapados en la aceleración”… y en la ansiedad que lleva incorporada, “prisioneros de un ritmo de vida que nos hace infelices”.

Así que la reflexión de este caluroso día de agosto, aunque tópica por evidente, no puede ser otra que la de esforzarnos de manera consciente y activa en reducir nuestra aceleración, aunque sólo sea por unos días, y aprovechar al máximo ese tiempo suspendido y “los momentos” que nos regala; el conocido “carpe diem”la capacidad de disfrutar de nuestro presente, cada cual a su manera, sin que el peso del pasado ni la incertidumbre del futuro nos lo enturbien.

Por lo menos una vez al año nos lo merecemos… ¡Y para eso se inventaron las treguas!

Jordi Foz

the_cider_house_rules-941679230-large“¿Quién vive a este lado de la casa? ¿Quién muele las manzanas, prepara la sidra, limpia toda la porquería? ¿Quién vive aquí, sin más, respirando todo ese vinagre? Alguien que jamás ha vivido aquí las inventó. No son para nosotros. Deberíamos crear nuestras propias normas. Y eso hacemos cada día sin excepción”.

El Sr.Rose no aceptaba las normas de la casa de la sidra y no se sentía comprometido con ellas. Dirigía un equipo de trabajadores en unas condiciones muy duras y “las cosas” funcionaban según las reglas que ellos habían establecido. No se sentían ni Príncipes de Maine ni Reyes de Nueva Inglaterra; simplemente hacían sidra y tenían muy claro cuál era su negocio y cómo tenían que trabajar.

Cuando acompañamos a un equipo directivo en un proceso de team coaching, ponemos el foco en tres cuestiones que consideramos claves: el propósito,  los valores y las reglas de juego. Y nos detenemos mucho en esta última porque aunque parezca simplemente “higiénica” y operativa, conforma la base donde se empieza a construir la confianza.

Eso sí, las distinguimos claramente de unas normas “externas” porque es el equipo el que decide sus propias reglas para coordinarse y relacionarse. El consenso y la libertad de elección refuerzan el compromiso y éste es imprescindible para avanzar en el camino hacia el alto rendimiento.

Oscar Garro

    4885989742_e0d81a47df_bMIT’s motto: “Mens et Manus,” (Mind and Hand)

Tomo prestada esta expresión que utiliza Alfons Cornella en la entrevista publicada en la revista Hetelkari, en la que opina sobre cuáles son las claves de una buena formación profesional para la industria del futuro. Sugiere que necesitamos más “laboratorios” en centros educativos y empresas, espacios de experimentación que conecten mentes y manos, en los que aprender a crear y a emprender.

Hay ejemplos fantásticos de esta filosofía, como el espectacular edificio del MediaLab del MIT, el lugar donde están construyendo el futuro del futuro.

En algún momento de la evolución nos hemos alejado de la idea de que el conocimiento está íntimamente ligado a la acción y hemos diseñado procesos educativos que priorizan el pensamiento abstracto, elevándolo a una categoría “superior”. Y por extensión,  hemos diseñado organizaciones que separan las funciones de pensar y hacer, como si fuera posible hacerlo. Así, muchas de las estrategias se diseñan en despachos y salas de reuniones, alejadas de un entendimiento profundo de la realidad de los talleres, de los mercados y de los laboratorios, con la consecuencia de que no son aptas para ser implementadas.

Yo añadiría que además de pensar con la mente y con las manos, también es necesario pensar con el corazón. También necesitamos crear espacios de reflexión personal y espiritual, en los que poder conectar con el sentido de nuestras estrategias y conocimientos, que es ponerlos al servicio de una sociedad mejor. Porque ni la mente ni las manos, siendo imprescindibles, alcanzan por si solas a entender y abordar la complejidad de los problemas a los que nos enfrentamos cada uno de nosotros, cada organización y la sociedad en su conjunto.

Ane Agirre

AudryEn la emocionada biografía que  Sean Hepburn hizo de su madre, Audrey Hepburn: An Elegant Spirit, uno de los muchos aspectos glosados fue el de la relación de Audrey con la moda, que supo encarnar con elegancia proverbial acompañada por  Givenchy, exquisito poblador de su armario.

Hablando de ello, Sean nos brindó una reflexión “perla”, que guarda relación con la reflexión iniciada en otro de nuestros post,  Esse quam videri. En ella venía a decir que al entrar bien vestidas a un recinto, muchas mujeres parecen decir: “aquí estoy yo”, mientras que, según él, su madre  con su vestimenta decía:  “así soy yo”.

Araceli Cabezón de Diego

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