El tiempo pasa y ninguno se atreve a dar el primer paso. Se miran y esperan a que sea el otro el que inicie una acción que los dos desean.

Para esta escena que todos hemos vivido y que se repetirá muchas veces este verano, no tenemos una palabra que la nombre. Los nativos yámanas de Tierra del Fuego, sí: mamihlapinatapai.

Tsundoku en japonés (comprar un libro y no leerlo), waldeinsamkeit en alemán (sensación de estar solo en un bosque) o gokotta en sueco (levantarse pronto por la mañana con el propósito de escuchar el canto de los primeros pájaros) son solamente 3 ejemplos de palabras que nosotros no tenemos y que nombran momentos que sí podemos reconocer. En este artículo aparecen otras muy curiosas e ilustrativas.

Sin embargo, creo que la cuestión trasciende a la curiosidad o a una interpretación cultural. George Steiner decía que “Lo que no se nombra, no existe” y yo estoy de acuerdo. Como escribíamos en este blog, desde que el mundo es mundo, hemos sentido la necesidad de poner nombre a las cosas pero está claro que por el camino, nos olvidamos de muchas.

Cuántas situaciones o problemas son invisibles para la sociedad y lo son porque no los nombramos. En muchas ocasiones, empezamos a hablar de ellos para darles visibilidad y en otras, hacemos campañas para tomar consciencia y tratar de resolverlos.

Yo propongo, como diría Luis Piedrahita ;-), inventar las palabras que nos faltan; buscar las que nos sirvan para usarlas rápidamente e incluirlas en nuestras conversaciones. Al fin al cabo, el lenguaje genera realidad y para construir la que nos espera, necesitaremos nuevas palabras.

Hasta entonces, este verano, cuando cruces la mirada con alguien e intuyas que los dos deseáis lo mismo, recuerda que eso es mamihlapinatapai y adelántate. Puede ser que metas la pata pero para eso ya buscaremos otra palabra 🙂

Oscar Garro

El cotarroEl nombre de Moradillo de Roa, un amable pueblo de la provincia de Burgos, se ha puesto en el mapa gracias al empeño y la ilusión de sus habitantes en el proyecto común de  rehabilitación de sus más de 150 bodegas. y lagares Se trata de un conjunto etnográfico de pequeñas construcciones familiares cavadas en el interior del cerro “El Cotarro”- para albergar el vino producido individualmente- y de los lagares donde se producía dicho caldo.

Hoy en día ese conjunto se puede visitar, y yo he tenido la suerte de hacerlo en varias ocasiones. De la última guardo un recuerdo especial, porque visitamos además “El Tercio”, un lagar de 1736 también reconstruido. El alcalde, que ejercía de generoso guía, nos introdujo en los misterios funcionales de una ingeniería con frecuencia intimidante para los no familiarizados.

En un momento dado, mientras detallaba el papel de la piedra, el husillo o la hembrilla narró una anécdota vivida por él al mostrar por primera vez el lugar a los periodistas. Estaba explicando  el proceso de restauración,  cuando de repente se escuchó un crujido que inquietó a los asistentes. Hubo quien se agitó, otros que expresaron en alto su temor de que “aquello se les viniera encima”, y los más asustados salieron corriendo. En medio de todo eso, el dueño del lagar, que lo había heredado de sus padres y ayudado a reconstruir con su conocimiento, les dijo: “……sssssss, tranquilos….escuchad el sonido del lagar

Y pensé: ¡cuántos sonidos perderemos porque nuestros miedos los convierten en crujidos!

Araceli Cabezón De Diego

 

“Me gusta el viento. No sé por qué, pero cuando camino contra el viento parece que me borra cosas. Quiero decir: cosas que quiero borrar” M. Benedetti

Ya llegan las semanas veraniegas de desconexión, de cambiar las rutinas, de tener más tiempo para pasear, dormir, leer, charlar, cocinar, comer, tomar el sol, nadar, contemplar, visitar, jugar, sorprenderse con algo nuevo o de ver a personas que sólo vemos en verano.

El otro día tuve la suerte de dar un paseo por la playa, en una tarde con muchísimo viento, de ese que hace difícil avanzar y que levanta mucha arena… y lo disfruté como una enana.

Ane Agirre

 

Espero con muchas ganas el estreno de “Blade Runner 2049” (octubre 2017), la continuación del clásico “Blade Runner” de Ridley Scott que está entre mis cinco películas preferidas. Hace ya 35 años veíamos replicantes que dudaban de su condición y que hasta a sus expertos perseguidores, les costaba distinguir si eran o no humanos.

El cine nos ha seguido presentando máquinas que hacen muy bien su trabajo y acompañan a personas que lo necesitan. Recordaréis a un magnífico y olvidadizo Frank Langella en “Un amigo para Frank”  (2012), que mantenía una preciosa relación con un robot o Joaquin Phoenix, enamorado de un sistema operativo en “Her” (2013).

Gran parte de lo que vemos en estas películas de ciencia ficción ya está aquí y lo podemos comprobar con la aparición del primer bot de conversación con empatía (que copia las emociones del usuario) o en Hanson Robotics, una empresa de Hong Kong que fabrica robots con inteligencia artificial y un aspecto muy natural. Solamente dos ejemplos de “máquinas” con las que mantendremos relaciones y que irán ocupando muchos de nuestros puestos de trabajo.

Y mientras nosotros cerrando los ojos a una realidad que avanza más rápido de lo que somos capaces de absorber. La noticia de que 78 grandes empresas españolas, en sus procesos de selección, van a apostar por el llamado curriculum ciego, no es más que una muestra de no enterarse de nada o peor, una manera de esconder las discriminaciones cerrando los ojos…

Si yo tuviera que elegir entre varios candidatos, me quedaría con aquellos que demuestren habilidades o competencias muy humanas, aquellas que precisamente nos diferencian de lo que nos viene a sustituir; es decir, lejos de descartar diversidad e información, me gustaría saber de ellos y de ellas (casi) todo. En caso contrario, manejaremos perfiles fríos, neutros y parecidos para acabar eligiendo “algo” que es capaz de emocionarse y emocionarnos hablando de cosas que han visto y que nosotros jamás creeríamos.

Oscar Garro

 

 

 

 

La noticia -que hubiera sido imposible hace pocos años- circuló el pasado mes de junio: por primera vez en su historia, la Universidad de Harvard ha cancelado la admisión de diez aspirantes por sus comentarios de contenido racista o xenófobo en un grupo privado de Facebook.

La reflexiones posibles son varias, pero me gustaría centrarme en dos: la primera, de índole moral, sobre la licitud de tomar decisiones relevantes para las personas por cosas que dijeron o hicieron en el pasado… Y, en ese supuesto, ¿hasta cuándo nos remontamos? ¿qué niveles de inmadurez, inocencia o error pueden ser o no admisibles y durante cuánto tiempo?

La segunda cuestión, que me parece más personal y más susceptible de gestionar, gira en torno al valor que le damos a nuestra propia imagen pública, especialmente en un mundo en el que la información circula y, sobre todo, persiste, ilimitadamente.

Sin que podamos evitarlo, todos nos formamos una imagen sobre los demás y, de la misma manera, todos (no sólo los políticos o los líderes) tenemos una imagen pública que los demás van construyendo durante nuestras vidas, a partir de las experiencias y las emociones que les provocamos.

Nuestra forma de ser y de actuar es nuestra manera de comunicar;  de transmitir una imagen que está ligada a conceptos tan esenciales y tan frágiles como la reputación, la confianza, el respeto, la credibilidad, la confiabilidad…

¿Tenemos idea de cuál es la imagen que inspiramos en los demás? ¿Nos importa o nos preocupa? ¿Nos atrevemos a preguntar sobre ella? La experiencia nos dice que indagar en esta materia tan sensible provoca más sorpresas que lo contrario y que, a menudo, lo que piensan los demás y lo que nosotros pensamos que piensan… son cosas bien diferentes.

Jordi Foz

P.D.: La imagen de la viñeta será obvia para algunos, pero explico mi intención al seleccionarla: los Presidentes Kennedy y Johnson son, en mi opinión,  dos claros ejemplos de políticos que tuvieron una imagen pública sensiblemente diferente a la que justificarían sus actuaciones y resultados reales.

Recientemente me llamó la atención esta foto en la que Justin Trudeau, Primer Ministro de Canadá, aparecía exhibiendo unos calcetines de rayas color Arco Iris, muy a tono con el “World Pride” al que hacía referencia Araceli la semana pasada.

Más allá de lo anecdótico o políticamente correcto de la foto, supe a través del artículo que  Mr. Trudeau es conocido por utilizar calcetines más propios a priori de un hípster que de un político de su nivel responsabilidad. Los colores llamativos o personajes de la Guerra de Las Galaxias, por ejemplo, no son una elección casual, sino toda una declaración de intenciones: «Me hacen vestir con traje y corbata. Los calcetines son la única forma de expresarme».

Me pareció una excelente actitud: ejerciendo nuestros roles y responsabilidades nos encontramos limitaciones, peajes, normas y condicionantes con las que no nos sentimos alineados, pero hagamos lo que hagamos con ello, especialmente si decidimos aceptar las reglas del juego, siempre podemos imprimir nuestro sello personal, y ponernos cada día nuestros calcetines de dibujos y colores particulares para dotar así de más sentido a nuestras acciones, para nosotros mismos y para al entorno en el que las desarrollamos.

Nerea Goikoetxea

arco irisViejos, jóvenes, medianas, guapas, feos, guapitos, ricos, pobres, foráneas, locales, pijos, chonis, casposas, listas, limitados, ejecutivas, funcionarios, albañiles, obreras, urbanos, rurales, exhibicionistas, moderados, elegantes, groserillos, blancas, asiáticos, negros, fuerzas de seguridad de todos los àmbitos, servicios de inteligencia, medios de comunicación conservadores, progres, populistas, liberales,  cuerpos  voluntarios, cuerpo de bomberos,  autoridades y políticos de la comunidad, del estado, del ayuntamiento, servicios sanitarios, de mantenimiento, de logística,  los que se lo creen de verdad, los que buscan la foto, los que no tienen más remedio….todos ellos han aparcado sus enfrentamientos, sus diferencias, sus rencillas sociales durante unos días en Madrid porque tenían un propósito común: celebrar la diversidad de género y proclamar el derecho a vivir cada modalidad como a uno le venga en gana en el día del “World Pride“. (más…)