white-gray-black-hat-hacker-158788611Hace años  disfruté las lecciones de tu  gira por España.

Hoy bendigo la elegancia con que te vas, tu infatigable búsqueda de “la dignidad y la belleza”, tu  imaginario judeo-cristiano, tu atractivo personal, tu “.. lenguaje como una forma de sacramento” ,  tu serena práctica budista, tu descarado erotismo, tu cercanía con los grandes poetas, tu forma de envejecer, tus seis acordes españoles, tu liturgia escenográfica, tu hipnotizante voz, el relato de tus pecados, tus poemas, la historia de tus amores, tu mística retranca, tu forma de vestir, tus “acordes secretos“, tus libros,  la elección de tus músicos, la sugestión de tus coros, tus despedidas,  tus graves “subterráneos“, tus recitados, tus cinco años inconfesos para escribir Hallelujah, tu forma de irte…

So long, Leonard “Nothing in my tongue, but Hallelujah”

Araceli Cabezón de Diego

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Unos minutos de reflexión… ¿Con cuántas de estas frases estás de acuerdo? ¿Con cuál te quedarías si tuvieras que elegir solo una?

El pasado no se puede cambiar. Las opiniones no definen tu realidad. El viaje de cada uno es diferente. Las cosas siempre mejoran con el tiempo. Tus juicios muestran tu carácter. Pensar demasiado te llevará a la tristeza. La felicidad se encuentra en el interior. Los pensamientos positivos crean cosas positivas. La sonrisa es contagiosa. La amabilidad es gratis. Sólo fallas si renuncias. Se recoge aquello que se siembra.

Jordi Foz

 

19b282078c94a4ec307a8d65314a7172Son elecciones. Elegimos unas cosas antes que otras. Elegimos hacer esto en lugar de aquello. Elegimos estar más tiempo con unas personas que con otras. Elegimos callar o hablar. Elegimos escuchar más o menos. Elegimos resignarnos o seguir luchando.

Y en relación al pasado, elegimos aceptarlo tal y como fue o seguir resentidos con lo que ha sido injusto y doloroso, e incluso podemos elegir utilizar ese pasado para seguir sembrando confrontación, distancias y violencia. Claro que podemos. El asunto es si aporta algo valioso para alguien y si desde esa emoción podemos construir un futuro mejor para todos.

Las situaciones de “elegir continuar en la emoción del resentimiento” se dan en ámbitos personales, profesionales, políticos y sociales. Estamos viviendo estos días la polémica generada en Euskadi en torno al día de la Memoria de las víctimas y viendo la opción política del nuevo presidente de los EEUU, que decide profundizar y avivar la emoción del resentimiento, el odio y los prejuicios para captar votantes descontentos.

También lo vemos todos los días en el ámbito de las organizaciones: muchas veces optamos por permanecer resentidos al considerar que la empresa nos trató mal, no nos promocionó, decidió una congelación salarial que perjudicó nuestra calidad de vida, cerró una división y se perdió empleo, etc. Desde luego, permanecer resentidos es una opción.

Hay otra opción. Que es aceptar el pasado tal y como fue. Y aceptar no significa ni olvidar, ni cambiar de opinión sobre lo injusto y doloroso que fue, ni justificarlo, ni bajar los estándares sobre lo que nos parece ético y justo. Ni significa renunciar a pedir las reparaciones que sean pertinentes y necesarias. Y desde luego, no significa para nada renunciar a luchar por un futuro distinto. Al revés, significa liberarse de la emoción del resentimiento, a través del perdón, de manera que sea posible plantear nuevas posibilidades o decisiones más acertadas en el futuro

Os recomiendo la película Trumbo (2015), dirigida por Jay Roach, que cuenta la represión que vivieron en Hollywood en los años 50, las personas cuya ideología era el comunismo y os invito a ver la última escena. El protagonista de una situación injusta, vivida durante mucho tiempo, tiene clara su opción. Está claro que podemos elegir.

Ane Agirre

 

 

 

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Casi finalizada nuestra estancia en Barcelona en las últimas jornadas Vesper, Araceli me convenció para visitar un lugar que me dejó impresionado. Fueron 20 minutos. No teníamos mucho tiempo pero decidimos “entrar” a visitar el Pabellón Alemán, diseñado por Mies van der Rohe para la Exposición Internacional de Barcelona de 1929 y reconstruido en 1986.

Y digo entrar por decir algo porque en realidad, se trata de un espacio semiabierto que puedes observar desde fuera; de hecho, muy cerca jugaban unos niños que corrían y gritaban sin parar.

11282743_718481658273921_106232662_nA pesar de ese ruido, paseando por el pabellón, sientes una paz y un silencio muy especial que bajo mi punto de vista, solamente es posible gracias a la simplicidad del diseño y a la extremada belleza de lo poco que hay. Tan es así, que Alfonso XIII cuando inauguró el espacio, preguntó extrañado si todavía no estaba terminado…

Además de disfrutarlo, me sirvió para reconfirmar que casi siempre, menos es más y que cuando añadimos compulsivamente elementos y contenido a un discurso, presentación o producto, estamos sirviendo más a nuestro ego o inseguridad que a quienes teóricamente son nuestros destinatarios.

La clave está en quitar, en reducir hasta la mínima expresión para que todo encaje y para lograr transmitir tu mensaje con eficacia y belleza.

Oscar Garro

grises         Entre las innumerables cosas que nuestra civilización le debe a Platón, sospecho que hay una que nos produce no pocos problemas. Me refiero a ese modelo mental binómico de alma/cuerpo, blanco/negro, bueno/malo, hombre/mujer.

He ido haciendo esa reflexión con motivo del incesante incremento de siglas en un acrónimo que en estos días utilizamos para proteger los derechos de las llamadas minorías sexuales. Al “hombre y mujer los creó” del Génesis se añadieron los gays, siguieron las lesbianas, luego se unieron transexuales y bisexuales y después aparecieron los intersexuales; y eso que al abanico LGTBI (lesbianas, gays, transexuales, bisexuales, intersexuales) le faltan las siglas relativas a heterosexuales femeninos y masculinos….Todos  ellos estamos aquí, aceptados o no, nombrados o no…

Así, que más vale nombrar y aceptar esas diferencias, y evitar pensar a nuestras organizaciones en términos dicotómicos. Porque el mundo es sobre todo un continuo de matices entre dos polos. Hay pocas decisiones que sean clarísimas de tomar, pocas cabezas que sólo sean estrategas o sólo tácticas, pocos procesos íntegramente eficaces o enteramente inútiles y sobre todo, pocas personas que sean totalmente tóxicas o absolutamente beneficiosas. Ser capaz de encontrar el matiz dentro de ese continuo, puede aliviar tensiones y ayudar a construir climas de posibilidad.

Araceli Cabezón de Diego

apartment-billy-wilder-01Como no podía ser menos, no existe unanimidad en la definición de Cultura Corporativa, concepto que algunos incluso consideran impreciso y poco gestionable.

Personalmente, me quedo, por original, clara e inteligible, con la que se atribuye al que fue CEO de IBM, Louis V. Gerstner“La cultura corporativa es lo que la gente hace cuando nadie está mirando”… Me parece sencillamente genial.

Porque implica los conceptos de “acción” (hacer y no quedarse en la mera declaración) y de “no premeditación”,  lo que sólo sucede cuando se actúa de manera innata, como consecuencia de una forma determinada de ser, propia y natural, sin que nuestras acciones sean diferentes en público o en privado.

Todos los equipos y organizaciones tienen una cultura propia y única, que vendría a ser lo mismo que la personalidad o el carácter en un individuo. Lo que sucede es que esa identidad puede mostrarse de manera más o menos explícita o implícita. Se fundamenta en valores; en un conjunto de valores y creencias,  declarados o no,  pero sí compartidos,  que impregnan el día a día de una organización. Y se concreta en comportamientos colectivos observables, en “la forma en la que se hacen aquí las cosas”… Por eso, por materializarse en conductas cotidianas, creemos que las culturas organizativas sí pueden crearse y sí pueden transformarse.

Y esa es la extraordinaria responsabilidad de los equipos de dirección: identificar esos valores (pocos y esenciales) en los que se quiere fundamentar las prácticas de una organización y, a continuación -¡casi nada!- actuar con ejemplaridad, que no es más (ni menos) que mostrar una coherencia inequívoca entre lo que decimos y lo que hacemos… o permitimos hacer.

En Vesper, nos gusta pensar que somos especialistas en acompañar a las organizaciones que se enfrentan a este complejo y apasionante reto, promoviendo la reflexión/acción sobre la propia cultura; con la absoluta seguridad de que cuando lo consiguen, se transforman en organizaciones mucho mejores, más eficientes, más cohesionadas, más resistentes, más competitivas y, sobre todo, mucho más humanas.

Jordi Foz

 

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El fin de semana pasado celebramos las jornadas anuales de Vesper y volvimos a tener el placer de trabajar y disfrutar a partes iguales.

A los 4 socios nos gusta el cine y dedicamos unas horas a ver la TV movie Hijos del tercer Reich, un relato sobre 5 jóvenes alemanes que celebran su despedida con la promesa de reencontrarse después de la guerra.

Entre imágenes muy realistas de la brutalidad de la batalla, lo que más me impactó, fue el cambio radical que van experimentando los 5 personajes según avanza la película y la constatación de algo tan terrible como la guerra: en determinadas circunstancias, cualquiera es capaz de lo peor…

Esa posibilidad me dejó un tanto tocado. Sin embargo, días después me acordé de unas palabras de Ernesto Sabato en el ensayo “La resistencia“:

“Persona quiere decir máscara y cada uno de nosotros tiene muchas…Siempre llevamos una máscara, una máscara que nunca es la misma sino que cambia para cada uno de los papeles que tenemos asignados en la vida: la del profesor, la del amante, la del intelectual, la del marido engañado, la del héroe, la del hermano cariñoso…” 

Y me hizo sentirme mejor. Ser consciente de que la máscara que nos colocamos todas las mañanas es necesaria para relacionarnos con los otros y saber que somos capaces de usar varias, me sugiere la posibilidad de adaptarse, de ser flexibles y de ser un protagonista con muchos registros de la película de nuestra vida.

Oscar Garro