Hoy comparto con vosotros esta cita de Andre Paule Guide, que nos ha regalado Pedro Miguel Echenique en esta extensa y excelente entrevista publicada este mes en la revista Jot Down.

Todas las olas del mar deben la belleza de su perfil a las que les precedieron y se retiraron

Porque cuando la leí me encantó. Y porque me conectó con una idea que cada vez tenemos más presente en nuestro trabajo con los equipos directivos que están en el momento de pensar sus estrategias y proyectos de futuro.

¡Qué importante es partir de donde estamos y mirar a lo siguiente desde el reconocimiento de “lo anterior”! Comprobamos que cuando un equipo es capaz de poner en valor y reconocer las estrategias, decisiones, proyectos, aciertos, errores y a los protagonistas que les han precedido y ya son “pasado”, entonces están en la mejor disposición de diseñar y dar paso a las siguientes olas.

Ane Agirre

lenguas2Los griegos pensaban que la forma de hablar de los demás pueblos no era lengua. La palabra griega βάρβαρος (barbaroi) derivaba de una onomatopeya que imitaba el sonido de los no-grecoparlantes (como si éstos fueran uno solo),  y  significaría algo así como “el que no habla”.

Más de 7000 años después tenemos repertoriadas casi  7000 lenguas distintas vigentes en el mundo (6912 si fuera posible ser exactos). Reconocemos como lenguas las que se hablan en otros países  distintos al nuestro y estamos seguros de que los habitantes de otros lugares sí saben hablar, por raros que nos parezcan su sonidos o sus estructuras.

Pero pasar del reconocimiento de colectivos al reconocimiento de individuos….¡es otro cantar! El mismo  código lingüístico, el mismo significante, la misma palabra, tiene casi tantos significados como individuos la utilizan.  A cada significado del diccionario le superponemos nuestra experiencia individual, nuestro contexto cultural, nuestro mundo de creencias personales y colectivas. Y eso hace que muchas veces reputemos al otro como barbaroi, simplemente porque no atribuye a una palabra el mismo significado que nosotros… y en vez de escucharle para descodificar, le traducimos a nuestro código o nos quedamos tan anchos pensando que no sabe hablar.

…una vez más, esto de  conversar tiene que ver sobre todo, con aceptar y escuchar.

Araceli Cabezón de Diego

 

 

nieveEste verano por fin he podido mover del montón de libros pendientes la bonita novela de Milena Busquets, “También esto pasará”. 

Pero la reflexión que quiero compartir en la viñeta de hoy, no es tanto sobre el contenido del libro, que a mi me gustó mucho, como sobre su título o, mejor dicho, sobre el cuento que inspira el título y que la propia autora explica en la contraportada.

Se dice que un poderoso emperador pidió a sus hombres más sabios una frase que le sirviera y ayudara en todas las situaciones posibles en la vida y que, tras muchos meses de deliberaciones, la propuesta que los sabios presentaron al emperador fue la que da título al libro: “También esto pasará”… (una vez más, smart is simple”!).

La verdad es que no sé si el cuento existía antes del libro o sólo es un recurso literario de la autora y forma parte de la propia novela, pero me da lo mismo. El título se me quedó “enganchado” y es más: me pareció reconocerlo en distintos puntos de mi ya largo pasado, de mis experiencias más vitales.

Estoy seguro de haberme repetido más de una vez ese “también esto pasará”; y de haberlo hecho en base a la lógica, a la necesidad, a la desesperación o a reflexiones personales, sin conocer por supuesto a los sabios del emperador.  Y también,  de haberlo hecho en todo tipo de situaciones: buenas, malas, peores y regulares.

Y es que es tan evidente que todo acaba pasando, que se hace difícil entender por qué razón no lo tenemos más presente! Y por qué en demasiadas ocasiones, nos comportamos, por acción o por omisión, por hacer o por dejar de hacer, como si todo fuera a durar eternamente y el tiempo no se nos estuviera escapando entre los dedos.

Jordi Foz

 

11250916_10205675528182149_1430058112866729514_nUna vez recogido el guante de Ane y aun habiendo cambiado “lo intentaré” por “lo haré“, inevitablemente ayer llegó el día 1 y seguramente, los primeros desengaños.

Los propósitos incluso cuando están bien declarados, suponen un esfuerzo adicional y no siempre somos capaces de cumplirlos.

El problema es que además del disgusto de no haber empezado bien, en muchas ocasiones nos sentimos mal por sentirnos mal; nos decimos frases como “no tengo derecho a sentirme mal” o “estar triste no sirve para nada” y yo no compro ninguna de las 2 afirmaciones.

Todo el mundo tiene derecho a sentirse como le da la gana ya que todas las emociones son legítimas. Por otra parte, esas emociones que tildamos de “negativas”, pueden ser muy eficaces.

Podemos estar tristes por no haber cumplido nuestro propósito postvacacional y hasta puede ser saludable; además de hacernos más humanos, nos enriquece y nos puede dar la pausa necesaria para redefinir lo que queremos con más garantías de éxito.

Así que toca sentir, reflexionar y volver a empezar. Hoy mismo puede ser un gran día para hacerlo🙂

Oscar Garro

 

dumbo5He tenido un agosto “de cine”. He disfrutado de dos lujos combinados, el lujo de tener tiempo y el de contar con un “recomendador” que conoce mis gustos y acierta de lleno en las sugerencias.  

Y os traigo una de las que más he disfrutado, “Brooklyn“, una película irlandesa de 2015, dirigida por John Crowley y protagonizada maravillosamente por Saoirse Ronan, que narra la historia de una joven irlandesa que emigra a Nueva York. La he elegido porque he vuelto a cruzar el charco y porque teníamos otro post escrito por Jordi sobre el puente de Brooklyn y me ha apetecido recordarlo.

Rescato la escena en la que la protagonista dice “lo intentaré” y su jefa le reta a reformular su compromiso quitanto el verbo “intentar” y sustituyéndolo por “lo haré y punto“. Ahora que termina el verano y empieza un nuevo curso que nos lleva a plantearnos nuevos propósitos, os invito a elegir uno de ellos, y sustituir el “voy a intentar hacer” por un “voy a hacer”. Parece un cambio sin importancia, pero genera una emoción y una determinación totalmente distinta. Probad y veréis. 
Ane Agirre

COYOTEHoy va de dibujos animados: las tiras de El Coyote y Correcaminos (Wile E. Coyote and the Road Runner). Creadas por  Chuck Jones  para Warner Brothers en 1949, poblaron mi infancia de carcajadas y de una larvada tensión provocada por mi zigzagueante adhesión a perseguido y perseguidor. Pero ya  me he aclarado. Amo al perseguidor. Coyote es mi icono de la resiliencia.

Esta estupenda distinción, traída del mundo de la física, que alude a la capacidad de un material para recuperar su forma y textura iniciales tras un impacto, está representada al pelo por el villano Coyote, que impasible ante las barrabasadas infligidas por el hábil Correcaminos, se levanta una vez tras otra y continúa  como si tal con su objetivo de darle caza. Convertido en fosfatina bidimensional por un pedrusco de tonelada, en grotesca cabeza humeante con el hocico estallado por  la bomba que se dispone a lanzar o en troquel involuntario del suelo desértico por caída libre de cien metros, nuestro proteico personaje no cesa de ofrecer muestras de su ejemplar vertebración.

En todos los casos son segundos los que tarda en sacudirse el polvo, sin victimismos, sin rencores; solo con la determinación de seguir adelante con su plan.

Me hizo gracia saber que no soy la única. Mi admirada Siri Hustvedt  dice en su fina recopilación de artículos: Vivir, pensar, mirar: “estos personajes tienen un irresistible atractivo darwiniano. Como el Coyote en los dibujos animados de Looney Tunes que veía en mi niñez, son personajes que poseen el maravilloso don de recomponer la figura. Hay también historias reales de gente que desafía todos los contratiempos y que, a pesar de sufrir experiencias grotescas, no acaban en un hospital y salen adelante con una resignación mayor que un personaje de Beckett.”

Araceli Cabezón de Diego

 

 

hopper-nighthawksA raíz de un comentario en una cafetería, se me notó la sonrisa. Y no pude evitar mi reflexión personal: “¡Ojalá lo hubiéramos aprendido todos de verdad!”.

Era una mañana luminosa y radiante en Bilbao. Esperaba sentada en una terraza a una amiga y no pude evitar la conversación de mis vecinas de mesa. Eran dos chicas jóvenes que estaban charlando animadamente sobre el comienzo del nuevo curso en la Universidad y actualizando sus novedades del verano. En un momento dado se refirieron a una tercera persona en su conversación.

La tercera aludida había tenido algún problema con un amigo de su cuadrilla, y se había dedicado a compartirlo con todos. Mejor dicho, con todos, menos con la persona con la tenía una conversación pendiente para solucionar una situación. Una de mis jóvenes vecinas le dijo a su amiga: “Es increíble. ¡Ya tenemos 20 años y parece mentira que no lo hayamos aprendido!. ¿Por qué no ha hablado directamente con él en vez de “liarla” contándoselo a todos?”.

Pasaron por mi mente varias situaciones complicadas del ámbito empresarial donde las relaciones entre interlocutores habituales y necesarios eran todo menos honestas y enriquecedoras. Sus negativas consecuencias para ellos, sus equipos y el devenir de la organización son tan notables y evidentes…

Y claro, no pude contenerme. Se notó que se me escapaba una sonrisa🙂

Teresa Aranguren