“Me gusta el viento. No sé por qué, pero cuando camino contra el viento parece que me borra cosas. Quiero decir: cosas que quiero borrar” M. Benedetti

Ya llegan las semanas veraniegas de desconexión, de cambiar las rutinas, de tener más tiempo para pasear, dormir, leer, charlar, cocinar, comer, tomar el sol, nadar, contemplar, visitar, jugar, sorprenderse con algo nuevo o de ver a personas que sólo vemos en verano.

El otro día tuve la suerte de dar un paseo por la playa, en una tarde con muchísimo viento, de ese que hace difícil avanzar y que levanta mucha arena… y lo disfruté como una enana.

Ane Agirre

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Espero con muchas ganas el estreno de “Blade Runner 2049” (octubre 2017), la continuación del clásico “Blade Runner” de Ridley Scott que está entre mis cinco películas preferidas. Hace ya 35 años veíamos replicantes que dudaban de su condición y que hasta a sus expertos perseguidores, les costaba distinguir si eran o no humanos.

El cine nos ha seguido presentando máquinas que hacen muy bien su trabajo y acompañan a personas que lo necesitan. Recordaréis a un magnífico y olvidadizo Frank Langella en “Un amigo para Frank”  (2012), que mantenía una preciosa relación con un robot o Joaquin Phoenix, enamorado de un sistema operativo en “Her” (2013).

Gran parte de lo que vemos en estas películas de ciencia ficción ya está aquí y lo podemos comprobar con la aparición del primer bot de conversación con empatía (que copia las emociones del usuario) o en Hanson Robotics, una empresa de Hong Kong que fabrica robots con inteligencia artificial y un aspecto muy natural. Solamente dos ejemplos de “máquinas” con las que mantendremos relaciones y que irán ocupando muchos de nuestros puestos de trabajo.

Y mientras nosotros cerrando los ojos a una realidad que avanza más rápido de lo que somos capaces de absorber. La noticia de que 78 grandes empresas españolas, en sus procesos de selección, van a apostar por el llamado curriculum ciego, no es más que una muestra de no enterarse de nada o peor, una manera de esconder las discriminaciones cerrando los ojos…

Si yo tuviera que elegir entre varios candidatos, me quedaría con aquellos que demuestren habilidades o competencias muy humanas, aquellas que precisamente nos diferencian de lo que nos viene a sustituir; es decir, lejos de descartar diversidad e información, me gustaría saber de ellos y de ellas (casi) todo. En caso contrario, manejaremos perfiles fríos, neutros y parecidos para acabar eligiendo “algo” que es capaz de emocionarse y emocionarnos hablando de cosas que han visto y que nosotros jamás creeríamos.

Oscar Garro

 

 

 

 

La noticia -que hubiera sido imposible hace pocos años- circuló el pasado mes de junio: por primera vez en su historia, la Universidad de Harvard ha cancelado la admisión de diez aspirantes por sus comentarios de contenido racista o xenófobo en un grupo privado de Facebook.

La reflexiones posibles son varias, pero me gustaría centrarme en dos: la primera, de índole moral, sobre la licitud de tomar decisiones relevantes para las personas por cosas que dijeron o hicieron en el pasado… Y, en ese supuesto, ¿hasta cuándo nos remontamos? ¿qué niveles de inmadurez, inocencia o error pueden ser o no admisibles y durante cuánto tiempo?

La segunda cuestión, que me parece más personal y más susceptible de gestionar, gira en torno al valor que le damos a nuestra propia imagen pública, especialmente en un mundo en el que la información circula y, sobre todo, persiste, ilimitadamente.

Sin que podamos evitarlo, todos nos formamos una imagen sobre los demás y, de la misma manera, todos (no sólo los políticos o los líderes) tenemos una imagen pública que los demás van construyendo durante nuestras vidas, a partir de las experiencias y las emociones que les provocamos.

Nuestra forma de ser y de actuar es nuestra manera de comunicar;  de transmitir una imagen que está ligada a conceptos tan esenciales y tan frágiles como la reputación, la confianza, el respeto, la credibilidad, la confiabilidad…

¿Tenemos idea de cuál es la imagen que inspiramos en los demás? ¿Nos importa o nos preocupa? ¿Nos atrevemos a preguntar sobre ella? La experiencia nos dice que indagar en esta materia tan sensible provoca más sorpresas que lo contrario y que, a menudo, lo que piensan los demás y lo que nosotros pensamos que piensan… son cosas bien diferentes.

Jordi Foz

P.D.: La imagen de la viñeta será obvia para algunos, pero explico mi intención al seleccionarla: los Presidentes Kennedy y Johnson son, en mi opinión,  dos claros ejemplos de políticos que tuvieron una imagen pública sensiblemente diferente a la que justificarían sus actuaciones y resultados reales.

Recientemente me llamó la atención esta foto en la que Justin Trudeau, Primer Ministro de Canadá, aparecía exhibiendo unos calcetines de rayas color Arco Iris, muy a tono con el “World Pride” al que hacía referencia Araceli la semana pasada.

Más allá de lo anecdótico o políticamente correcto de la foto, supe a través del artículo que  Mr. Trudeau es conocido por utilizar calcetines más propios a priori de un hípster que de un político de su nivel responsabilidad. Los colores llamativos o personajes de la Guerra de Las Galaxias, por ejemplo, no son una elección casual, sino toda una declaración de intenciones: «Me hacen vestir con traje y corbata. Los calcetines son la única forma de expresarme».

Me pareció una excelente actitud: ejerciendo nuestros roles y responsabilidades nos encontramos limitaciones, peajes, normas y condicionantes con las que no nos sentimos alineados, pero hagamos lo que hagamos con ello, especialmente si decidimos aceptar las reglas del juego, siempre podemos imprimir nuestro sello personal, y ponernos cada día nuestros calcetines de dibujos y colores particulares para dotar así de más sentido a nuestras acciones, para nosotros mismos y para al entorno en el que las desarrollamos.

Nerea Goikoetxea

arco irisViejos, jóvenes, medianas, guapas, feos, guapitos, ricos, pobres, foráneas, locales, pijos, chonis, casposas, listas, limitados, ejecutivas, funcionarios, albañiles, obreras, urbanos, rurales, exhibicionistas, moderados, elegantes, groserillos, blancas, asiáticos, negros, fuerzas de seguridad de todos los àmbitos, servicios de inteligencia, medios de comunicación conservadores, progres, populistas, liberales,  cuerpos  voluntarios, cuerpo de bomberos,  autoridades y políticos de la comunidad, del estado, del ayuntamiento, servicios sanitarios, de mantenimiento, de logística,  los que se lo creen de verdad, los que buscan la foto, los que no tienen más remedio….todos ellos han aparcado sus enfrentamientos, sus diferencias, sus rencillas sociales durante unos días en Madrid porque tenían un propósito común: celebrar la diversidad de género y proclamar el derecho a vivir cada modalidad como a uno le venga en gana en el día del “World Pride“. (más…)

He disfrutado mucho viendo la serie de televisión sueca, BRON (El Puente). Es un thriller policíaco, protagonizado por una pareja de detectives, Saga Noren (sueca) y Martin Rhoden (danés), con dos personalidades muy diferentes: ella es una mujer totalmente orientada a la tarea y a los resultados, mientras que él valora más las relaciones y las emociones. La relación que van construyendo entre ellos es muy divertida, tierna y productiva.

Hay una escena (he intentado ofrecérosla con un link, pero los sistemas de protección la detectan y no permiten reproducirla), en la que uno de los colaboradores se acerca a explicarles que está barriendo un montón de información para dar con un lugar en el que probablemente está ubicada una persona secuestrada, a la que supuestamente le quedan pocas horas de vida. Saga, le mira con expresión de sorpresa e incredulidad mezclada con un punto de enfado, y le pregunta “¿Has venido a decirnos que estás trabajando?”. Imaginaros la cara que se le queda al colaborador que quería impresionarla, compartiendo lo compleja que estaba siendo su tarea.

Me recordó a la cantidad de tiempo que perdemos en las empresas, malgastando minutos y horas en reuniones, reportando lo que “estamos haciendo”, sin otro objetivo que justificarse y quedar bien. En lugar de tener conversaciones enfocadas a los resultados y a la toma de decisiones para conseguirlos.
Ane Agirre

Ayer estuvimos en la inauguración del “Institute of next” en Barcelona. Este nuevo espacio, diseñado por nuestros amigos Mónica Alonso y Alfons Cornella, tiene como misión reunir a personas y equipos para transformar ideas en iniciativas reales a través de metodologías y herramientas únicas. A time to define the future.

Conociendo las iniciativas que han puesto en marcha en su larga trayectoria y escuchando la pasión con la que transmiten lo que quieren conseguir, estamos convencidos de que pasar por este espacio, supondrá un estímulo para visualizar el futuro y empezar a caminar hacia “lo siguiente” (*).

Solamente hemos probado un pequeño aperitivo y estamos deseando degustar el menú completo. Hasta entonces, ahí estaremos, como dice Fito, lo más lejos a vuestro lado…Suerte!

Oscar Garro

(*):  ¿conocéis a alguien que esté afectado por el virus “no, lo siguiente“? Está muy extendido y no se sabe a ciencia cierta cómo se ha propagado tan rápido y entre tanta población. Mientras se encuentra una solución, ha aparecido este antídoto en forma de cuenta de twitter que propone una cruzada “antisiguientista” 🙂