Ayer estuvimos en la inauguración del “Institute of next” en Barcelona. Este nuevo espacio, diseñado por nuestros amigos Mónica Alonso y Alfons Cornella, tiene como misión reunir a personas y equipos para transformar ideas en iniciativas reales a través de metodologías y herramientas únicas. A time to define the future.

Conociendo las iniciativas que han puesto en marcha en su larga trayectoria y escuchando la pasión con la que transmiten lo que quieren conseguir, estamos convencidos de que pasar por este espacio, supondrá un estímulo para visualizar el futuro y empezar a caminar hacia “lo siguiente” (*).

Solamente hemos probado un pequeño aperitivo y estamos deseando degustar el menú completo. Hasta entonces, ahí estaremos, como dice Fito, lo más lejos a vuestro lado…Suerte!

Oscar Garro

(*):  ¿conocéis a alguien que esté afectado por el virus “no, lo siguiente“? Está muy extendido y no se sabe a ciencia cierta cómo se ha propagado tan rápido y entre tanta población. Mientras se encuentra una solución, ha aparecido este antídoto en forma de cuenta de twitter que propone una cruzada “antisiguientista” 🙂

 

 

Hace unas semanas visité la exposición temporal de expresionismo abstracto en el Guggenheim de Bilbao. En otras ocasiones, he compartido que un paseo por las galerías de este Museo ya merecería la pena aunque las paredes estuvieran vacías pero siempre es un placer descubrir con qué las han “decorado”.

Esta vez el paseo estuvo acompañado de sorprendentes y diferentes obras en las que la acción frenética y los campos de color se combinaban para ofrecer un espectáculo difícil de olvidar (muy recomendable sentarse unos minutos en silencio en la sala donde se exponen varios cuadros de Mark Rothko).

Lo que más me llamó la atención fue conocer la técnica que utilizaron en sus cuadros muchos de los artistas: el dripping. Algo así como salpicar o dejar que la pintura gotee sobre el lienzo y permitir que la pintura vaya teniendo vida propia. Observando y admirando el resultado final confirmé que algo tan espectacular no hubiera sido posible sin provocar accidentes controlados.

Cuando hablamos de innovación en las empresas, insistimos en la aceptación del error como fuente de aprendizaje e invitamos a celebrar su aparición porque se nos abre nuevos caminos para explorar. A partir de ahora, ampliaremos este concepto e incluiremos la posibilidad de provocar esos errores para buscar resultados diferentes.

Hasta el 4 de junio tenéis posibilidad de disfrutar de la exposición pero si lo que queréis es imitar a Pollock y compañía, lo podéis hacer en el este enlace. Una buena oportunidad de salpicar a discreción 🙂

Oscar Garro

 

 

papelitosLos brillantes eventos de innovación que organiza nuestro amigo Alfons Cornella  acostumbran a congregar perfiles muy variados: mundo corporativo, emprendimiento, academia, artes, tercer sector… Recuerdo que en uno de ellos –Re’09 -tras una mañana de intensa reflexión e información, llegado el momento del café, nos repartió unos papelitos y soltó esta bomba: “ahora cada uno que escriba en ese papel lo que es para él la felicidad”.

Hice lo que pude para tragar la bola en que se convirtió mi mini-palmera  y empecé a darle vueltas con gran pudor, intimidada por la intelligentzia reunida en la sala.  Al final compartió lo que habíamos producido todos.  Había definiciones filosóficas, otras que relacionaban la felicidad con aspectos más concretamente éticos; algunas apuntaban al contexto, otras la libraban a la subjetividad más absoluta y por supuesto, no faltaron las aportaciones neurofisiológicas.  Algunas de ellas: “la felicidad es un estado de conciencia“, “la felicidad tiene que ver con cómo nos hace sentir la virtud“, “la felicidad es equilibrio“…No recuerdo lo que hizo después con esa producción, pero si recuerdo la definición que más me interesó:

La felicidad es una interpretación de la realidad

Araceli Cabezón de Diego

cféEn una ocasión hablaba con una directiva en un grupo industrial cliente, y me decía: “…en mi empresa, yo siempre sé a quién llamar; tengo muy claro quién sabe de qué;… y ¿sabes por qué?: porque fumo, y salgo a la calle a fumar, y me encuentro con otros compañeros haciendo lo mismo, y hablamos, y nos preguntamos, y nos enteramos de lo que hacemos nosotros y los demás….”

“¡Qué bonito ejemplo de gestión del conocimiento!”, pensé, y recordé haber asistido con Ane Agirre a un congreso de Knowledge Management, donde alguien expuso brillantemente con una sola diapositiva donde se veía una taza de café y un cigarrillo  humeantes. Su conclusión: la conversación, lo que ocurre de manera informal, lo que no está planificado, lo que se habla porque se quiere hablar….de ahí sale el conocimiento valioso, la capacidad de innovar.

Como éste, muchos otros ejemplos en diversos campos. Con frecuencia la idea de gestión va unida a de la acción: hacer, diseñar, planificar, hablar, moverse… Sin embargo, a veces una buena gestión consiste en no hacer nada, simplemente dejar que las cosas pasen, y ¡eso si!, ser capaz de observarlo. Las organizaciones son sistemas humanos y por lo tanto  proteicos y  afortunadamente difíciles de planificar en su totalidad. Además de los efectos buscados, ocurren otras muchas cosas espontáneas. Algunas de ellas aportan mucho valor. Una buena gestión de ellas puede consistir en tener conciencia de su existencia y sobre todo ¡¡¡no tocarlas!!!…, y si la tentación de actuar es muy fuerte, probar suerte reproduciendo en la organización contextos parecidos a aquél en el que se ha producido una de ellas, ¡¡¡y cruzar los dedos!!!.

Araceli Cabezón de Diego

THE RED ARMYEntre mis muchas insuficiencias cuenta un escaso amor por el deporte y mi casi total desapego por el espectáculo deportivo. Por eso jamás pensé que un reportaje sobre jugadores de hockey pudiera ocasionarme tal interés y producirme tal placer.

Red army no es una película, es un documental dirigido por Gabe Polsky, y contado en primera persona por su protagonista real  Slava Fetisov, capitán que lo fue del imbatible equipo soviético de hockey “El ejército rojo“, estrella olímpica de los 70 y 80.

Me impresionó de ese testimonio la espontaneidad innovadora de su primer y fundacional entrenador, que para dibujar estrategias llamaba al ajedrecista Karpov con quien movía figuras en un tablero-campo, o se iba al ballet a ver cuáles de los movimientos de los sublimes bailarines del Bolshoi convenía probar en el campo; me impresionó la visión que impulsaba al alto sacrificio que hacían los jugadores desde pequeños: la gloria de su país; me impresionó, cómo la propaganda del régimen soviético fue capaz de proporcionarles una metáfora tremendamente movilizadora: “The red army” campeón mundial = mi país en la cumbre del mundo; me impresionó la calidad y calidez de la amistad masculina entre los rusos, que yo no he observado en otros ámbitos; me impresionó el perdón del protagonista a su amigo-hermano, a quien tras haberle traicionado cuando decidió ir a USA, sienta como asesor a su vuelta triunfal a la actual Rusia como ministro de deporte de Putin; me impresionó la forma en que evidencian sus emociones sin resultar exhibicionistas; me impresionó la libertad de Slava para poner en riesgo su estatus y el de su familia, en aras de su libertad individual.

Miles de cosas más me impresionaron en esta historia, pero sobre todo “la sinfonía rusa”, esa forma de bailar juntos en el campo que tenían las cinco estrellas del equipo, de intuir al otro “como si tuvieran ojos en la espalda“, de concebir y organizar su estrellato individual al servicio del equipo, de sentirse juntos en lo mismo, de divertirse con el juego.

Araceli Cabezón de Diego

 

paleta de coloresSupongo que ésta fue una de las preguntas que se formuló Yaacov Hecht y que originó su proyecto Education Cities. Es un programa educativo en el que, por un lado, tratan de identificar las habilidades individuales de cada estudiante, para fortalecerlas y desarrollarlas.

Por otro, entienden que el aprendizaje sucede dentro y fuera del aula y que las ciudades disponen de recursos educativos que no están aprovechándose para tal fin. La unión de las necesidades individuales junto con las necesidades de su propia ciudad, implica la colaboración de agentes educativos, institucionales y políticos y por tanto, la colaboración se convierte en clave esencial de este proyecto.

Declaran que uno de sus propósitos es desarrollar el arte de la colaboración en el aula, en la escuela, en el ámbito municipal y nacional. Ahí es nada. Las ciudades de Bat-Yam y Mitzpe Ramon en Israel son algunos de sus exponentes y cuyos aprendizajes están transfiriendo a otras ciudades de nuestro entorno europeo.

Es un proyecto muy interesante, con finalidades y programas similares en todos los continentes, del que seguro volveré a escribir. Hoy destaco la idea de la ‘Mezcla de Colores’. Yaacov afirma que para crear algo nuevo, hay que mezclar diversos colores. Centrarse sólo en la educación dejará el sistema en condiciones similares a las actuales, o a lo sumo, causará un cambio limitado. Del mismo modo, centrándonos en el empleo por sí solo, conseguiremos soluciones que son similares a las existentes. ‘Mezcla de colores’ significa ver la ciudad como una unidad orgánica, capaz de alcanzar soluciones innovadoras, lo que sería imposible de obtener con ‘un solo color’ ”.

Las Ciudades Educadoras utilizan toda la paleta de colores para crear algo nuevo significativo. Muy sugerente ¿no?.

Teresa Aranguren.

Un día extrañamente frío de primavera hice un viaje en coche con una pareja de amigos, invitados todos a celebrar el cumpleaños de una amiga común muy querida, en su estupendo pueblo castellano. Conducía ella,  copilotaba él; yo me dejaba llevar perezosamente mecida por la pericia de la conductora y lo amable de la conversación. En un momento dado Julian le advierte : “cuidado, hay control de velocidad”; se me disparó una alarma, pero mi amiga continuó su conversación como si tal; minutos después le lanza la segunda advertencia y, ahora sí, me preparé para escuchar una sarta de improperios sobre los inconvenientes de llevar al marido de copiloto; pero para mi sorpresa Julia se dirige a mí y me dice: “…es que Julian es un cumplidor de normas; “ya la tenemos”, pensé ante lo que yo juzgaba un calificativo de poco prestigio. ¡Pero no! Julian, que  es ingeniero aeronáutico se volvió hacia mí , orgulloso del epíteto que acababa de recibir: “la norma es lección aprendida“, “la norma es gestión del conocimiento“, “la norma nos permite vivir; es la consolidación de una experiencia, se establece después de haber cometido varios errores, y encontrar la forma de hacerlo bien”.

Esto cambió mi perspectiva de la cosa. Hasta entonces había visto en la palabra norma un sinónimo de restricción, imposición, y latas varias. Seguimos hablando de las normas y encontramos que además la norma es una forma de contrato, proporciona confianza en el otro, porque permite predecir lo que va a hacer y facilita nuestra acción. Y terminamos concluyendo que si no hubiera normas, no habría posibilidad de innovar quebrando alguna de ellas.

,,,y además, por lo visto, Julian baila de miedo. Me pregunto si su estilo será muy académico, o se desmadrará en plan creativo…(-:.

Araceli Cabezón