papelitosLos brillantes eventos de innovación que organiza nuestro amigo Alfons Cornella  acostumbran a congregar perfiles muy variados: mundo corporativo, emprendimiento, academia, artes, tercer sector… Recuerdo que en uno de ellos –Re’09 -tras una mañana de intensa reflexión e información, llegado el momento del café, nos repartió unos papelitos y soltó esta bomba: “ahora cada uno que escriba en ese papel lo que es para él la felicidad”.

Hice lo que pude para tragar la bola en que se convirtió mi mini-palmera  y empecé a darle vueltas con gran pudor, intimidada por la intelligentzia reunida en la sala.  Al final compartió lo que habíamos producido todos.  Había definiciones filosóficas, otras que relacionaban la felicidad con aspectos más concretamente éticos; algunas apuntaban al contexto, otras la libraban a la subjetividad más absoluta y por supuesto, no faltaron las aportaciones neurofisiológicas.  Algunas de ellas: “la felicidad es un estado de conciencia“, “la felicidad tiene que ver con cómo nos hace sentir la virtud“, “la felicidad es equilibrio“…No recuerdo lo que hizo después con esa producción, pero si recuerdo la definición que más me interesó:

La felicidad es una interpretación de la realidad

Araceli Cabezón de Diego

cféEn una ocasión hablaba con una directiva en un grupo industrial cliente, y me decía: “…en mi empresa, yo siempre sé a quién llamar; tengo muy claro quién sabe de qué;… y ¿sabes por qué?: porque fumo, y salgo a la calle a fumar, y me encuentro con otros compañeros haciendo lo mismo, y hablamos, y nos preguntamos, y nos enteramos de lo que hacemos nosotros y los demás….”

“¡Qué bonito ejemplo de gestión del conocimiento!”, pensé, y recordé haber asistido con Ane Agirre a un congreso de Knowledge Management, donde alguien expuso brillantemente con una sola diapositiva donde se veía una taza de café y un cigarrillo  humeantes. Su conclusión: la conversación, lo que ocurre de manera informal, lo que no está planificado, lo que se habla porque se quiere hablar….de ahí sale el conocimiento valioso, la capacidad de innovar.

Como éste, muchos otros ejemplos en diversos campos. Con frecuencia la idea de gestión va unida a de la acción: hacer, diseñar, planificar, hablar, moverse… Sin embargo, a veces una buena gestión consiste en no hacer nada, simplemente dejar que las cosas pasen, y ¡eso si!, ser capaz de observarlo. Las organizaciones son sistemas humanos y por lo tanto  proteicos y  afortunadamente difíciles de planificar en su totalidad. Además de los efectos buscados, ocurren otras muchas cosas espontáneas. Algunas de ellas aportan mucho valor. Una buena gestión de ellas puede consistir en tener conciencia de su existencia y sobre todo ¡¡¡no tocarlas!!!…, y si la tentación de actuar es muy fuerte, probar suerte reproduciendo en la organización contextos parecidos a aquél en el que se ha producido una de ellas, ¡¡¡y cruzar los dedos!!!.

Araceli Cabezón de Diego

THE RED ARMYEntre mis muchas insuficiencias cuenta un escaso amor por el deporte y mi casi total desapego por el espectáculo deportivo. Por eso jamás pensé que un reportaje sobre jugadores de hockey pudiera ocasionarme tal interés y producirme tal placer.

Red army no es una película, es un documental dirigido por Gabe Polsky, y contado en primera persona por su protagonista real  Slava Fetisov, capitán que lo fue del imbatible equipo soviético de hockey “El ejército rojo“, estrella olímpica de los 70 y 80.

Me impresionó de ese testimonio la espontaneidad innovadora de su primer y fundacional entrenador, que para dibujar estrategias llamaba al ajedrecista Karpov con quien movía figuras en un tablero-campo, o se iba al ballet a ver cuáles de los movimientos de los sublimes bailarines del Bolshoi convenía probar en el campo; me impresionó la visión que impulsaba al alto sacrificio que hacían los jugadores desde pequeños: la gloria de su país; me impresionó, cómo la propaganda del régimen soviético fue capaz de proporcionarles una metáfora tremendamente movilizadora: “The red army” campeón mundial = mi país en la cumbre del mundo; me impresionó la calidad y calidez de la amistad masculina entre los rusos, que yo no he observado en otros ámbitos; me impresionó el perdón del protagonista a su amigo-hermano, a quien tras haberle traicionado cuando decidió ir a USA, sienta como asesor a su vuelta triunfal a la actual Rusia como ministro de deporte de Putin; me impresionó la forma en que evidencian sus emociones sin resultar exhibicionistas; me impresionó la libertad de Slava para poner en riesgo su estatus y el de su familia, en aras de su libertad individual.

Miles de cosas más me impresionaron en esta historia, pero sobre todo “la sinfonía rusa”, esa forma de bailar juntos en el campo que tenían las cinco estrellas del equipo, de intuir al otro “como si tuvieran ojos en la espalda“, de concebir y organizar su estrellato individual al servicio del equipo, de sentirse juntos en lo mismo, de divertirse con el juego.

Araceli Cabezón de Diego

 

paleta de coloresSupongo que ésta fue una de las preguntas que se formuló Yaacov Hecht y que originó su proyecto Education Cities. Es un programa educativo en el que, por un lado, tratan de identificar las habilidades individuales de cada estudiante, para fortalecerlas y desarrollarlas.

Por otro, entienden que el aprendizaje sucede dentro y fuera del aula y que las ciudades disponen de recursos educativos que no están aprovechándose para tal fin. La unión de las necesidades individuales junto con las necesidades de su propia ciudad, implica la colaboración de agentes educativos, institucionales y políticos y por tanto, la colaboración se convierte en clave esencial de este proyecto.

Declaran que uno de sus propósitos es desarrollar el arte de la colaboración en el aula, en la escuela, en el ámbito municipal y nacional. Ahí es nada. Las ciudades de Bat-Yam y Mitzpe Ramon en Israel son algunos de sus exponentes y cuyos aprendizajes están transfiriendo a otras ciudades de nuestro entorno europeo.

Es un proyecto muy interesante, con finalidades y programas similares en todos los continentes, del que seguro volveré a escribir. Hoy destaco la idea de la ‘Mezcla de Colores’. Yaacov afirma que para crear algo nuevo, hay que mezclar diversos colores. Centrarse sólo en la educación dejará el sistema en condiciones similares a las actuales, o a lo sumo, causará un cambio limitado. Del mismo modo, centrándonos en el empleo por sí solo, conseguiremos soluciones que son similares a las existentes. ‘Mezcla de colores’ significa ver la ciudad como una unidad orgánica, capaz de alcanzar soluciones innovadoras, lo que sería imposible de obtener con ‘un solo color’ ”.

Las Ciudades Educadoras utilizan toda la paleta de colores para crear algo nuevo significativo. Muy sugerente ¿no?.

Teresa Aranguren.

Un día extrañamente frío de primavera hice un viaje en coche con una pareja de amigos, invitados todos a celebrar el cumpleaños de una amiga común muy querida, en su estupendo pueblo castellano. Conducía ella,  copilotaba él; yo me dejaba llevar perezosamente mecida por la pericia de la conductora y lo amable de la conversación. En un momento dado Julian le advierte : “cuidado, hay control de velocidad”; se me disparó una alarma, pero mi amiga continuó su conversación como si tal; minutos después le lanza la segunda advertencia y, ahora sí, me preparé para escuchar una sarta de improperios sobre los inconvenientes de llevar al marido de copiloto; pero para mi sorpresa Julia se dirige a mí y me dice: “…es que Julian es un cumplidor de normas; “ya la tenemos”, pensé ante lo que yo juzgaba un calificativo de poco prestigio. ¡Pero no! Julian, que  es ingeniero aeronáutico se volvió hacia mí , orgulloso del epíteto que acababa de recibir: “la norma es lección aprendida“, “la norma es gestión del conocimiento“, “la norma nos permite vivir; es la consolidación de una experiencia, se establece después de haber cometido varios errores, y encontrar la forma de hacerlo bien”.

Esto cambió mi perspectiva de la cosa. Hasta entonces había visto en la palabra norma un sinónimo de restricción, imposición, y latas varias. Seguimos hablando de las normas y encontramos que además la norma es una forma de contrato, proporciona confianza en el otro, porque permite predecir lo que va a hacer y facilita nuestra acción. Y terminamos concluyendo que si no hubiera normas, no habría posibilidad de innovar quebrando alguna de ellas.

,,,y además, por lo visto, Julian baila de miedo. Me pregunto si su estilo será muy académico, o se desmadrará en plan creativo…(-:.

Araceli Cabezón

No dudo que Steve Jobs tendría sombras y claros. Como todos.

No obstante, ver que tuvieron que suspender temporalmente la cotización de las acciones de Apple cuando se conoció su fallecimiento, que las presentaciones de nuevos productos no son lo mismo sin él y que, incluso, hay muchos que creen que a Apple le va a costar mucho mantenerse a la vanguardia  de la innovación, me reconforta en parte, aunque no debiera.

Y me reconforta porque, a pesar de que era “crónica de una muerte anunciada” y que, por tanto, se habrán dado todos los pasos posibles para amortiguarla (cómo era lo de convertir conocimiento tácito en explícito, compartir conocimiento tácito, procedimentar la innovación, “contagiar” – ¡cómo si se pudiera!- la creatividad), se demuestra que todavía hay personas únicas e insustituibles. Desgraciadamente, pocas.

Y es increíble que aún queden algunas cuando, como decía Ane, el sistema educativo no es que ayude precisamente y, aunque se habla mucho de innovación, las máximas, en una gran parte de empresas y organizaciones, son normalizar, procedimientar, industrializar, estandarizar… Desde la forma de vestir hasta los entresijos de la gestión. Recetas estándar, para organizaciones estándar con personas estándar.

A mis hijos, cuando eran pequeños, les encantaba un libro de Elmer (de David McKee), un elefante multicolor que sufría lo indecible por no ser uniformemente gris, como los demás. Color elefante, como siempre se ha sabido que tenía que ser un elefante.

A medida que vayan creciendo, no sé cómo se las van a arreglar para ejercitar la moraleja que tanto les enfatizamos utilizando a Elmer como pretexto. Cuando colegio, padres, amigos y -ellos aún no lo saben- empresas y organizaciones, presionen para que sean uniforme y aburridamente grises. Para que no destaquen. Para que sean iguales al resto. Para que pasen desapercibidos. Para que sigan las normas. Para que no cuestionen. Para que se mantengan dentro del estándar, un lugar cómodo y seguro.

Por eso me parece meritorio que todavía pueda haber personas únicas e insustituibles, singulares e imprecindibles. Debe ser que, con la edad, cada vez me cuesta más que no se me trasparenten los colores…

Marta Ozcariz

Ambiente y hábitos creativos (Graphic recording Amaia Alonso, febr2011)La semana pasada, el mundo entero rindió homenaje y reconoció a Steve Jobs por su manera de mirar el mundo, de entender la vida y la empresa y por su capacidad de imaginar, de diseñar y de innovar .

Traigo a este post la definición que hace John Kao de la Innovación, que me encanta por su sencillez y claridad : “la defino como la habilidad de los individuos, de las empresas y de países enteros de crear continuamente su futuro deseado”. 

De la idea de futuros deseados ya habíamos hablado en anteriores post … Hoy me voy a fijar en la palabra “habilidad”, la innovación no como proceso, ni como estrategia, ni como tecnología, ni como conjunto de técnicas, sino como una competencia de las personas y de los equipos. Cuanta más experiencia ganamos en nuestro trabajo con empresas en diseños y despliegues de estrategias de Innovación y Creatividad, más convencidos estamos de que en efecto, el reto central y básico es el desarrollo de esa “habilidad”. Comprobamos que muchas estrategias de innovación fracasan por el hecho de que no se abordan desde esa perspectiva, porque dejan en un segundo plano a los protagonistas de la historia.

Creemos que se trata de desarrollar dos capacidades fundamentales. La primera es aprender a mirar con otras gafas, abrirse a nuevas perspectivas, ganar fuerza de observación para descubrir lo que no se veía y sorprenderse. Y la segunda es la de mejorar la predisposición a la acción con riesgo, aquella cuyo resultado no podemos garantizar de antemano. Ambas son competencias con un alto contenido emocional y, por eso, no se aprenden en el plano de la teoría, sino de la experimentación.

La pregunta que está formulándose en los foros expertos es la de si el sistema educativo está desarrollando estas habilidades en el grado que es necesario. No tenemos más que observar cómo evoluciona la capacidad creativa de los niños a medida que avanzan en su itinerario educativo…  Os recomendamos el artículo y vídeo de co-society, relacionado con el reto actual de las escuelas de negocio: “forget business administracion, teach design thinking“.

Ane Aguirre