Conversaciones


El tiempo pasa y ninguno se atreve a dar el primer paso. Se miran y esperan a que sea el otro el que inicie una acción que los dos desean.

Para esta escena que todos hemos vivido y que se repetirá muchas veces este verano, no tenemos una palabra que la nombre. Los nativos yámanas de Tierra del Fuego, sí: mamihlapinatapai.

Tsundoku en japonés (comprar un libro y no leerlo), waldeinsamkeit en alemán (sensación de estar solo en un bosque) o gokotta en sueco (levantarse pronto por la mañana con el propósito de escuchar el canto de los primeros pájaros) son solamente 3 ejemplos de palabras que nosotros no tenemos y que nombran momentos que sí podemos reconocer. En este artículo aparecen otras muy curiosas e ilustrativas.

Sin embargo, creo que la cuestión trasciende a la curiosidad o a una interpretación cultural. George Steiner decía que “Lo que no se nombra, no existe” y yo estoy de acuerdo. Como escribíamos en este blog, desde que el mundo es mundo, hemos sentido la necesidad de poner nombre a las cosas pero está claro que por el camino, nos olvidamos de muchas.

Cuántas situaciones o problemas son invisibles para la sociedad y lo son porque no los nombramos. En muchas ocasiones, empezamos a hablar de ellos para darles visibilidad y en otras, hacemos campañas para tomar consciencia y tratar de resolverlos.

Yo propongo, como diría Luis Piedrahita ;-), inventar las palabras que nos faltan; buscar las que nos sirvan para usarlas rápidamente e incluirlas en nuestras conversaciones. Al fin al cabo, el lenguaje genera realidad y para construir la que nos espera, necesitaremos nuevas palabras.

Hasta entonces, este verano, cuando cruces la mirada con alguien e intuyas que los dos deseáis lo mismo, recuerda que eso es mamihlapinatapai y adelántate. Puede ser que metas la pata pero para eso ya buscaremos otra palabra 🙂

Oscar Garro

He disfrutado mucho viendo la serie de televisión sueca, BRON (El Puente). Es un thriller policíaco, protagonizado por una pareja de detectives, Saga Noren (sueca) y Martin Rhoden (danés), con dos personalidades muy diferentes: ella es una mujer totalmente orientada a la tarea y a los resultados, mientras que él valora más las relaciones y las emociones. La relación que van construyendo entre ellos es muy divertida, tierna y productiva.

Hay una escena (he intentado ofrecérosla con un link, pero los sistemas de protección la detectan y no permiten reproducirla), en la que uno de los colaboradores se acerca a explicarles que está barriendo un montón de información para dar con un lugar en el que probablemente está ubicada una persona secuestrada, a la que supuestamente le quedan pocas horas de vida. Saga, le mira con expresión de sorpresa e incredulidad mezclada con un punto de enfado, y le pregunta “¿Has venido a decirnos que estás trabajando?”. Imaginaros la cara que se le queda al colaborador que quería impresionarla, compartiendo lo compleja que estaba siendo su tarea.

Me recordó a la cantidad de tiempo que perdemos en las empresas, malgastando minutos y horas en reuniones, reportando lo que “estamos haciendo”, sin otro objetivo que justificarse y quedar bien. En lugar de tener conversaciones enfocadas a los resultados y a la toma de decisiones para conseguirlos.
Ane Agirre

Design Museum Danmark

Ayer celebramos el 8º encuentro del Innovation & Entrepreneurship Corner. Hicimos un repaso de algunos conceptos clave sobre cómo liderar procesos de transformación y cambio en las empresas.

Entre otros muchos temas, compartíamos el error tan habitual de infravalorar la importancia de la comunicación y el networking interno en las fases iniciales.  Es fácil autoengañarse pensando que con reunir a todos en una sala durante una hora y dictarles lo que “unos pocos hemos pensado y entre todos tenemos que ejecutar“,  ya está comunicado el cambio y que todo el mundo lo ha entendido y se va a poner manos a la obra.

Es esencial “invertir en conversaciones“, de manera que las personas que protagonizan el trayecto puedan intercambiar visiones, entender su relevancia, sentirse parte de la transformación, compartir inquietudes e ideas sobre cómo hacerlo y sobre todo,  aprender unos de otros sobre las iniciativas que van poniendo en marcha. Porque las transformaciones van tomando forma “sobre la marcha”.

Sigue siendo un reto para muchas empresas, destinar espacios y tiempos para practicar algo tan aparentemente sencillo y tan necesario en entornos de cambio e incertidumbre: conversar.

“Shared vision lives in the connections between people”

 Peter Senge

 

 

Ane Agirre

La semana pasada acabé mi colaboración de este año, en materia de Coaching de Equipos, en la octava edición del Postgrado de Coaching Ejecutivo y Personal de la Barcelona School of Management, de la Universitat Pompeu Fabra.

Creo que todos los años he repetido una misma dinámica con los alumnos, consistente en identificar los valores compartidos por un equipo y generar un debate sobre cómo los convertimos en comportamientos coherentes y conductas observables. Después de tantas ediciones, no deja de sorprenderme la reiteración, año tras años, de algunas de las conclusiones del ejercicio.

Resulta que, cuando trabajamos con algo tan relevante y subjetivo como son los valores, denominamos parecido a cosas distintas y también denominamos de manera distinta a cosas muy parecidas; así que, inevitablemente, lo primero que hacen los alumnos, agrupados en distintos equipos, es tratar de llegar a acuerdos sobre el lenguaje y el significado de las palabras mediante preguntas como ¿A qué nos estamos refiriendo cuando decimos…?

Para ello, recurren a dos poderosas y antiguas herramientas: la conversación y la escucha. Tienen un objetivo concreto y un tiempo limitado y, para poder alcanzarlo, necesitan conversar (para saber) y necesitan escuchar (para entender) y necesitan también llegar a acuerdos consensuados, de tal manera que se consiga el compromiso de todos los componentes del equipo. En este caso, el facilitador de la dinámica “sólo” establece el objetivo y los espacios de conversación.

Es muy gratificante comprobar que las conversaciones, estructuradas y con sentido, funcionan. Que se producen diálogos enriquecedores, productivos y respetuosos y que cuando los componentes de un equipo se escuchan con la predisposición a dejarse influir por lo que el otro dice, se produce esa mágica “conectividad” que distingue a los equipos que funcionan. Por eso, en Vesper, nos gusta tanto promover y facilitar espacios de conversación.

Jordi Foz

 

 

amor-y-amistad-2¿Nunca habéis comprado un libro solo por su título? Pues algo parecido me pasó con esta película que quise ver porque pensé que su título me valdría, al mismo tiempo, como viñeta de cine y viñeta de fin de año; “amor y amistad” son dos magníficos deseos para la gente que uno quiere.

Y resulta que, en éste mi año de la suerte ;-), me encontré con una deliciosa “pieza de cámara”, con una comedia de época, divertida, alegre, satírica, elegante, plena de fina ironía, de diálogos ingeniosos y barrocos, de conversaciones jugosas, en las que el cinismo y la hipocresía son el hilo conductor de una aristocracia inglesa del siglo XIX cuyo comportamiento podemos calificar de “amoral sin reparos”.

Estrenada este mismo año, es la conseguida adaptación de “Lady Susan”, un relato corto de Jane Austin.  No recomendable para quienes busquen acción trepidante, violencia, trascendencia, fuerza, exceso, brusquedad… Sí para quienes gustamos de un “rato tranquilo”, de leer, escuchar, analizar, repensar, sonreír, de entrar en los personajes -anacrónicos hoy- pero excelentemente situados en su tiempo. De una fotografía extraordinaria que regala al espectador atento, continuos encuadres que son verdaderas obras de arte; de una música oportuna y relajante. Y, sobresaliendo por encima de todo, la actuación insuperable de Kate Beckinsale como Lady Susan, paradigma de la intriga y la manipulación.

El año pasado, decíamos cruzar un puente metafórico a una “nueva, prometedora y desconocida orilla que llamamos 2016”. Hoy, a 30 de diciembre, ya sabemos qué nos esperaba en esa orilla que ya no es territorio desconocido, y es inevitable una reflexión íntima y personal sobre las cosas buenas, malas y regulares que han sucedido durante el año. Desde mi propio balance personal, lo que he aprendido en este 2016 es que la gente muy especial, la gente extraordinaria y los milagros sí existen, que “solo” se trata de identificarlos… ¡y no dejarlos escapar! Que las cosas que “seguro que nunca van a suceder”,  a veces… ¡suceden! Que, como decíamos en la viñeta de 31 de diciembre de 2010, un nuevo año es como una “página en blanco”; que las páginas en blanco están para ser escritas, que son nuevas y únicas  oportunidades y que no se puede escribir el “futuro deseado”   desde el dolor, o la nostalgia o mirando solo al pasado…

Y que el “amor y amistad”,  que deseamos en el nuevo año a todos los amigos y seguidores de Vesper, son sentimientos básicos, nucleares, que provocan alegría, confianza, energía, generosidad, ilusión, entrega, convivencia, tolerancia, felicidad… Y que, como todas las cosas valiosas y trascendentes, hay que cuidarlas y defenderlas con uñas y dientes, todos los días del año.

Muchas gracias por estar siempre ahí, feliz Año 2017 y mucho amor y amistad para todos!

Jordi Foz

 

hopper-nighthawksA raíz de un comentario en una cafetería, se me notó la sonrisa. Y no pude evitar mi reflexión personal: “¡Ojalá lo hubiéramos aprendido todos de verdad!”.

Era una mañana luminosa y radiante en Bilbao. Esperaba sentada en una terraza a una amiga y no pude evitar la conversación de mis vecinas de mesa. Eran dos chicas jóvenes que estaban charlando animadamente sobre el comienzo del nuevo curso en la Universidad y actualizando sus novedades del verano. En un momento dado se refirieron a una tercera persona en su conversación.

La tercera aludida había tenido algún problema con un amigo de su cuadrilla, y se había dedicado a compartirlo con todos. Mejor dicho, con todos, menos con la persona con la tenía una conversación pendiente para solucionar una situación. Una de mis jóvenes vecinas le dijo a su amiga: “Es increíble. ¡Ya tenemos 20 años y parece mentira que no lo hayamos aprendido!. ¿Por qué no ha hablado directamente con él en vez de “liarla” contándoselo a todos?”.

Pasaron por mi mente varias situaciones complicadas del ámbito empresarial donde las relaciones entre interlocutores habituales y necesarios eran todo menos honestas y enriquecedoras. Sus negativas consecuencias para ellos, sus equipos y el devenir de la organización son tan notables y evidentes…

Y claro, no pude contenerme. Se notó que se me escapaba una sonrisa 🙂

Teresa Aranguren

imagesTenemos el placer de compartir desde hace más de un año con un equipo de Tecnalia, un “espacio de conversación” con 14 empresas que tienen en su agenda el reto de innovar y emprender más allá de sus negocios tradicionales: “Intrapreneurship Corner”, le hemos llamado. Son empresas que tienen muy claro que su futuro dependerá de su capacidad de renovar su cartera de negocios. 

Compartimos preguntas, ideas, reflexiones, modelos y experiencias para ir generando apuntes de respuesta (que no respuestas definitivas). Son preguntas de cierta complejidad, porque no es fácil que las inercias de los negocios tradicionales convivan bien con las necesidades de las “nuevas apuestas”.

Yo por el momento, estoy escuchando que muchas de las respuestas tienen algo que ver con espacios de encuentro y conversación dentro de la empresa que permitan hacerse preguntas inteligentes, compartir tendencias y novedades, explorar nuevas ideas y articular propuestas concretas.

Y también parece que los espacios que funcionan, son breves, ágiles y con un foco claro, además de tener otros dos rasgos esenciales: el primero es que incluyan “ojos limpios” (personas no sesgadas por el conocimiento y el modelo de negocio actual) y el segundo, que sepan escuchar e integrar “los distintos puntos de vista”. Parecen dos obviedades. Sí, lo parecen.

Ane Agirre

 

Página siguiente »