La semana pasada acabé mi colaboración de este año, en materia de Coaching de Equipos, en la octava edición del Postgrado de Coaching Ejecutivo y Personal de la Barcelona School of Management, de la Universitat Pompeu Fabra.

Creo que todos los años he repetido una misma dinámica con los alumnos, consistente en identificar los valores compartidos por un equipo y generar un debate sobre cómo los convertimos en comportamientos coherentes y conductas observables. Después de tantas ediciones, no deja de sorprenderme la reiteración, año tras años, de algunas de las conclusiones del ejercicio.

Resulta que, cuando trabajamos con algo tan relevante y subjetivo como son los valores, denominamos parecido a cosas distintas y también denominamos de manera distinta a cosas muy parecidas; así que, inevitablemente, lo primero que hacen los alumnos, agrupados en distintos equipos, es tratar de llegar a acuerdos sobre el lenguaje y el significado de las palabras mediante preguntas como ¿A qué nos estamos refiriendo cuando decimos…?

Para ello, recurren a dos poderosas y antiguas herramientas: la conversación y la escucha. Tienen un objetivo concreto y un tiempo limitado y, para poder alcanzarlo, necesitan conversar (para saber) y necesitan escuchar (para entender) y necesitan también llegar a acuerdos consensuados, de tal manera que se consiga el compromiso de todos los componentes del equipo. En este caso, el facilitador de la dinámica “sólo” establece el objetivo y los espacios de conversación.

Es muy gratificante comprobar que las conversaciones, estructuradas y con sentido, funcionan. Que se producen diálogos enriquecedores, productivos y respetuosos y que cuando los componentes de un equipo se escuchan con la predisposición a dejarse influir por lo que el otro dice, se produce esa mágica “conectividad” que distingue a los equipos que funcionan. Por eso, en Vesper, nos gusta tanto promover y facilitar espacios de conversación.

Jordi Foz

 

 

amor-y-amistad-2¿Nunca habéis comprado un libro solo por su título? Pues algo parecido me pasó con esta película que quise ver porque pensé que su título me valdría, al mismo tiempo, como viñeta de cine y viñeta de fin de año; “amor y amistad” son dos magníficos deseos para la gente que uno quiere.

Y resulta que, en éste mi año de la suerte ;-), me encontré con una deliciosa “pieza de cámara”, con una comedia de época, divertida, alegre, satírica, elegante, plena de fina ironía, de diálogos ingeniosos y barrocos, de conversaciones jugosas, en las que el cinismo y la hipocresía son el hilo conductor de una aristocracia inglesa del siglo XIX cuyo comportamiento podemos calificar de “amoral sin reparos”.

Estrenada este mismo año, es la conseguida adaptación de “Lady Susan”, un relato corto de Jane Austin.  No recomendable para quienes busquen acción trepidante, violencia, trascendencia, fuerza, exceso, brusquedad… Sí para quienes gustamos de un “rato tranquilo”, de leer, escuchar, analizar, repensar, sonreír, de entrar en los personajes -anacrónicos hoy- pero excelentemente situados en su tiempo. De una fotografía extraordinaria que regala al espectador atento, continuos encuadres que son verdaderas obras de arte; de una música oportuna y relajante. Y, sobresaliendo por encima de todo, la actuación insuperable de Kate Beckinsale como Lady Susan, paradigma de la intriga y la manipulación.

El año pasado, decíamos cruzar un puente metafórico a una “nueva, prometedora y desconocida orilla que llamamos 2016”. Hoy, a 30 de diciembre, ya sabemos qué nos esperaba en esa orilla que ya no es territorio desconocido, y es inevitable una reflexión íntima y personal sobre las cosas buenas, malas y regulares que han sucedido durante el año. Desde mi propio balance personal, lo que he aprendido en este 2016 es que la gente muy especial, la gente extraordinaria y los milagros sí existen, que “solo” se trata de identificarlos… ¡y no dejarlos escapar! Que las cosas que “seguro que nunca van a suceder”,  a veces… ¡suceden! Que, como decíamos en la viñeta de 31 de diciembre de 2010, un nuevo año es como una “página en blanco”; que las páginas en blanco están para ser escritas, que son nuevas y únicas  oportunidades y que no se puede escribir el “futuro deseado”   desde el dolor, o la nostalgia o mirando solo al pasado…

Y que el “amor y amistad”,  que deseamos en el nuevo año a todos los amigos y seguidores de Vesper, son sentimientos básicos, nucleares, que provocan alegría, confianza, energía, generosidad, ilusión, entrega, convivencia, tolerancia, felicidad… Y que, como todas las cosas valiosas y trascendentes, hay que cuidarlas y defenderlas con uñas y dientes, todos los días del año.

Muchas gracias por estar siempre ahí, feliz Año 2017 y mucho amor y amistad para todos!

Jordi Foz

 

lenguas2Los griegos pensaban que la forma de hablar de los demás pueblos no era lengua. La palabra griega βάρβαρος (barbaroi) derivaba de una onomatopeya que imitaba el sonido de los no-grecoparlantes (como si éstos fueran uno solo),  y  significaría algo así como “el que no habla”.

Más de 7000 años después tenemos repertoriadas casi  7000 lenguas distintas vigentes en el mundo (6912 si fuera posible ser exactos). Reconocemos como lenguas las que se hablan en otros países  distintos al nuestro y estamos seguros de que los habitantes de otros lugares sí saben hablar, por raros que nos parezcan su sonidos o sus estructuras.

Pero pasar del reconocimiento de colectivos al reconocimiento de individuos….¡es otro cantar! El mismo  código lingüístico, el mismo significante, la misma palabra, tiene casi tantos significados como individuos la utilizan.  A cada significado del diccionario le superponemos nuestra experiencia individual, nuestro contexto cultural, nuestro mundo de creencias personales y colectivas. Y eso hace que muchas veces reputemos al otro como barbaroi, simplemente porque no atribuye a una palabra el mismo significado que nosotros… y en vez de escucharle para descodificar, le traducimos a nuestro código o nos quedamos tan anchos pensando que no sabe hablar.

…una vez más, esto de  conversar tiene que ver sobre todo, con aceptar y escuchar.

Araceli Cabezón de Diego

 

 

imagesTenemos el placer de compartir desde hace más de un año con un equipo de Tecnalia, un “espacio de conversación” con 14 empresas que tienen en su agenda el reto de innovar y emprender más allá de sus negocios tradicionales: “Intrapreneurship Corner”, le hemos llamado. Son empresas que tienen muy claro que su futuro dependerá de su capacidad de renovar su cartera de negocios. 

Compartimos preguntas, ideas, reflexiones, modelos y experiencias para ir generando apuntes de respuesta (que no respuestas definitivas). Son preguntas de cierta complejidad, porque no es fácil que las inercias de los negocios tradicionales convivan bien con las necesidades de las “nuevas apuestas”.

Yo por el momento, estoy escuchando que muchas de las respuestas tienen algo que ver con espacios de encuentro y conversación dentro de la empresa que permitan hacerse preguntas inteligentes, compartir tendencias y novedades, explorar nuevas ideas y articular propuestas concretas.

Y también parece que los espacios que funcionan, son breves, ágiles y con un foco claro, además de tener otros dos rasgos esenciales: el primero es que incluyan “ojos limpios” (personas no sesgadas por el conocimiento y el modelo de negocio actual) y el segundo, que sepan escuchar e integrar “los distintos puntos de vista”. Parecen dos obviedades. Sí, lo parecen.

Ane Agirre

 

alergias1

Un día tomando un té, andaba dándole vueltas a un incidente personal reciente. Llevaba días en el barrillo de una conversación interna que me llenaba de ruido, desasosiego y cabreo, originada por una conversación previa con otra persona: “pues voy a hacer esto, voy a decir lo otro, y si me contesta esto……“. Total, que entre la una y la otra me estaban dando el té, cuando oigo en la mesa de al lado: “…¿pero es alergia o intolerancia?, ¿tienes que llevar kleenex o ponerte mascarilla?”. ¡Qué buena distinción para mis males!”, pensé.

La intolerancia suele cursar con algunas incomodidades, y la alergia puede terminar en urgencias. Ante una simple intolerancia, puede uno permitirse el lujo de exponerse al elemento que la causa sin esperar consecuencias persistentes. Con una alergia ya no se puede jugar, porque peligra la salud.

Desde entonces, cada vez que me atasco en alguna conversación, me pregunto: “¿es alergia o intolerancia? ¿resuelvo con un  estornudo interior o acudo a las “urgencias” de una conversación reparadora?”,… y me ahorro cantidad de chácharas.

Araceli Cabezón de Diego

Pasamos hablando la mayor parte de nuestra vida, y mucho más cuando estamos en silencio. Salvo en estado de meditación, con otros o a solas, tenemos siempre abierta una conversación. Son éstas las que hacen posible en una empresa definir una estrategia, diseñar un producto, cambiar un proceso, decidir una política concreta, imaginar una transformación y convertir todo eso en acción.

bocadillos recortadoEn Vesper lo sabemos bien y por eso las conversaciones son nuestra materia. Trabajamos con herramientas y metodologías que facilitan esas conversaciones,   con frecuencia difíciles por el camino  que requieren y por los obstáculos que en él pueden surgir.  Las conversaciones para reenfocar una estrategia,  para mejorar un estilo directivo, para  construirse como equipo de alto rendimiento, para fundar una cultura nueva,  para diseñar un modelo o para crear un tejido innovador,  transitan por caminos distintos. Vesper conoce esos caminos, genera el espacio y estructura la conversación de manera distinta, en función del objetivo. Y sabe reconocer los obstáculos y trabajar con ellos. Egos, discrepancias,  juicios individuales, rechazos, opiniones colectivas, malentendidos, creencias limitantes, falta de compromiso, ausencia de visión compartida son piedras frecuentes, que pueden evitarse, quitarse o utilizarse para otra cosa.

De esta forma acompaña Vesper a sus clientes:  generando los espacios de conversación que los equipos necesitan para diseñar su acción y llevarla a cabo.

Araceli Cabezón de Diego

IMG_1977Una de las definiciones de la RAE para Metamorfosis es: “Mudanza que hace alguien o algo de un estado a otro”. El universo bulle de ellas; las personas y organizaciones también. La diferencia entre éstas y aquél es que en éstas, algunas mudanzas son voluntarias: se diseñan, se deciden, se planifican y se trabajan.

En Vesper nos dedicamos a acompañar a equipos directivos a hacer esas mudanzas. Y lo hacemos ayudando a articular las conversaciones, el liderazgo y las acciones necesarias para generar los cambios, una vez declarada la necesidad y la voluntad de hacerlos.

Es fácil caer en la tentación de pensar que las soluciones están fuera del propio sistema y que es mejor traer de fuera nuevas personas para que generen una nueva realidad. Sin embargo, aunque es esencial inyectar energía y estímulos externos a un sistema para activar la transformación, creemos que los cambios profundos y sostenibles sólo pueden hacerse desde el deseo, la convicción y la energía interna de la organización, sus equipos y sus personas. Un equipo directivo puede dotarse de una visión externa que complemente su visión, pero su liderazgo no puede ser sustituido.

¿Se puede transformar una organización?: sí. ¿Se puede acompañar ese proceso?: sí. ¿Se puede sustituir a los protagonistas?: no.

Termino el post con una cita de Federico Mayor Zaragoza que leí el mes pasado en su blog: “Para transformar la realidad en profundidad hay que conocerla en profundidad. De otro modo, las reformas pueden ser sesgadas, epidérmicas, efímeras“.

Ane Agirre Romarate