El fotógrafo de Brooklyn

Hoy me voy a permitir compartir una reflexión  puramente personal que, seguramente, no viene a cuento de nada, pero que me apetece compartir.  Y, como me apetece,  he decidido  “darme permiso” para hacerlo (otro día hablaremos de cuántos permisos nos damos … )

Recientemente he estado en Nueva York, visitando a mi hijo Oriol que vive allí desde hace casi tres años.  Un sábado, como acostumbramos a hacer cada vez que estoy, tomamos el metro hasta Brooklyn con la idea de caminar por Brooklyn Heights y después regresar a Manhattan cruzando a pie el mítico puente de Brooklyn.  Un paseo delicioso!

Justo  cuando íbamos a subir las escaleras que dan acceso al puente, debajo de éste, vimos un pequeño tenderete, muy precario, en el que se vendían recuerdos y fotografías. Lo atendía lo que me pareció “un señor mayor” …  Hace unos años, cuando el lenguaje no era tan “políticamente correcto”,  se le hubiera definido como un anciano y yo hubiera añadido : de aspecto  frágil … Casi inmediatamente, Oriol y yo nos habíamos dado cuenta de la calidad maravillosa de las fotografías. El señor, que enseguida se identificó como el autor , nos dio su tarjeta y se apresuró a enseñarnos todos sus productos,  en esa actitud que agobia un poco al posible comprador y que, al mismo tiempo, lo compromete por esa especie de complicidad espontánea que se produce … No sé si lo teníamos previsto pero, entre la belleza de las fotografías y la cuestión de la empatía, lo cierto es que nos llevamos una preciosa fotografía del puente de Manhattan, tomada desde Brooklyn (la que estáis viendo).

Mientras Oriol escogía su fotografía , me fijé en otra que estaba expuesta: la de un hombre maduro, de sonrisa franca y mirada clara. Era Leo Bruce – así se llama el fotógrafo – aunque me hubiera sido difícil identificarlo en el señor que tenía delante.  ¿Cuántos años haría de aquel retrato …? ¿Por qué razón lo mantenía si ya apenas resultaba reconocible? Leo, muy cordialmente, nos firmó la fotografía;  entonces sí,  con trazo firme y decidido.  Y en ese momento sus ojos brillaban (hay un sinfín de teorías en torno a los ojos que brillan …)

Y mientras cruzábamos el puente de vuelta, no dejaba de pensar en Leo y en su desconocida historia : ese largo camino desde parecer Clint Eastwood en Los Puentes de Madison hasta aquel “señor mayor” en un tenderete solitario bajo en puente de Brooklyn….  Me hice mi película : cuántas decisiones tomadas, o no,  hasta llegar allí.  Qué apasionante la vida!, plena de historias personales que apenas en algún caso llegan a “enseñar la patita” por debajo de la puerta …  Si queréis conocer su obra y conocer a Leo un poco más, podéis entrar en su web pinchando sobre su nombre.

Fin de la reflexión personal.  Creo que todas las situaciones encierran un aprendizaje, pero no era ese el objetivo en esta ocasión.  Ya he empezado diciendo que, simplemente, “me había dado permiso” para compartir y que cada uno, si quiere, extraiga sus propias conclusiones.

Jordi Foz

7 comentarios sobre “El fotógrafo de Brooklyn

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  1. Pues qué bien que te has dado el permiso para compartir con nosotros ese paseo y la estupenda foto. Ane

  2. Muchas gracias, Ane. Todo es absolutamente fiel a como lo recuerdo y, escribirlo, ha sido como revivirlo otra vez.

  3. Hola Jordi,

    Bonita tu historia personal .

    me quedo con la frase de cuántas decisiones tomadas …………… o no! Quizá tambien por mi momento y mi reflexión personal.

    un abrazo,

    Rosa.

    1. Hola Rosa !!! Gracias por tu comentario. Pero la frase – que es la que “me salió” y la que quería poner – contiene una contradicción, creo. No tomar una decisión … ¿es una manera de decidir? Al final, es igual ¿no? Aquí estamos HOY y ya sólo podemos decidir sobre lo próximo.
      Un fuerte abrazo,
      Jordi

  4. Querido Jordi,

    Leo todo lo que escribís, y me encanta. Hoy, mientras se retransmite el partido Barsa-Madrid, me recreo leyendo con tranquilidad este mensaje, y también yo me doy el permiso de dejar un comentario, y lo primero que me viene a la mente, casi en lo único en lo que he pensado es, ¿y es feliz?.
    En una ocasión una persona me dijo, hija decidir es renunciar, y me di cuenta de cuanta verdad contenía esta afirmación tan, aparentemente, contradictoria. Si decides ir a N.Y. estás decidiendo no estar en otro sitio. Y además, estamos constantemente tomando decisiones, desde si te levantas cuando suena el despertador, hasta si te comprometes con alguna acción.
    Y para mi la cuestión es, ¿tomamos las decisiones que nos permiten acercarnos a la felicidad?

    Por cierto, a mi no me importa que te sigas dando permisos.

    Un beso muy fuerte.

  5. Querida Tere,
    Encantado de saber de ti, de que nos sigas y de que nos comentes … siempre me parece un lujo sorprendente tener tan queridos seguidores. Yo no sé si es feliz … Cuanto mayor me hago, más convencido estoy de que, dentro de unos límites y dadas unas condiciones mínimas, la felicidad es un estado de ánimo. Y no nos hacen felices o infelices las mismas cosas.
    Seguramente, “decidir es renunciar”, claro, pero también es “optar”, escoger y, como bien dices, lo hacemos toda la vida, constantemente y a mi me parece que, hacer uso de mi libertad de elegir, cuando puedo, me hace más feliz que lo contrario. Creo que nadie sabe si tomamos las decisiones que nos acercan a la felicidad. Yo me conformo con tomar las decisiones con toda la honestidad de que soy capaz, siendo fiel a mis valores y deseos y asumiendo las consecuencias que conlleven esas decisiones.
    Muchas gracias por tu comentario, Tere y un beso enorme

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