Iago y Ane

Ayer Ane y yo estuvimos en la Deusto Business School  en el cierre del progama de Coaching en el que participamos desde hace años. Almudena y María, incansables organizadoras del programa, nos avisaron que este año los invitados eran muy “especiales”. Juan Carlos Cubeiro presentó el acto y adelantó que después de la charla no saldríamos “iguales”. Acertó.

Iago Pérez Santalla, acompañado de Manuel Rivero, nos habló de los “ilímites del ser humano”. Iago, que sufre parálisis cerebral desde que nació, nos emocionó con un testimonio de superación que me sonó a bofetada para aquellos que malgastan su vida quejándose. “Todos podemos volar, alto o bajo” porque las barreras arquitectónicas no son un problema para Iago y sí los bordillos de las conciencias. Y en eso sí que podemos hacer algo. ¿Verdad?

Durante su exposición, con mucha retranca gallega, nos retó varias veces: “Si hay alguna persona independiente en la sala que levante la mano…si veo alguna me callo y empiezo a creer en los milagros“, “Si alguien no tiene una discapacidad, que la busque…y que la encuentre“. Fueron momentos muy especiales porque nos reímos con un nudo en la garganta. Iago, que “encontró” su discapacidad hace tiempo, hablaba con dificultad y todos entendíamos gracias a su fuerza y al movimiento de sus brazos y manos. Yo no dejaba de mirarlas.

Antes de entrar en el acto, me presentaron a Iago. Él muy tranquilo me extendió la mano y yo, nervioso y torpe, le agarré de la muñeca y coincidimos, “encantado“. Cuando acabamos, después de charlar unos minutos (“Oscar, todo lo que he contado es verídico“), nos volvimos a “dar la mano”, esta vez con fuerza. Iago no había cambiado, Yo , sí.

Gracias por la lección de vida Iago. Lo tuyo es contagioso.

Oscar Garro

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